Vicente Juan Juan

La fiesta de Moros y Cristianos en Ibi ha aportado en su dilatada historia una larga nómina de personalidades que podemos fácilmente rastrear y sacar a la luz a través de revistas, películas, folletos; pero, con poco que se conozca la fiesta, se sabe que, fuera de esos cargos preeminentes, hay un gran número de personas que la hacen funcionar, moverse, como si de un engranaje formado de pequeñas piezas de un motor escondido, invisible se tratara. Sí, y no todas ellas han quedado en el anonimato, algunos, por derecho propio y merecido reconocimiento, forman parte de la fiesta con mayúscula. Permítannos decirlo, creemos sin error a equivocarnos, que “El tío Vicent”, Vicente Juan Juan, era uno de ellos.
Para recuerdo de todos, nos complace grandemente el poder contarles quién fue ese festero entregado y comprometido que, sin haber tenido nunca un cargo propiamente dicho, dejó una huella imborrable tanto en su comparsa, los Almogávares, como en la Comisión de Fiestas, con la que colaboró durante más de dos décadas.
Pues bien, El tío Vicent, nació en Castalla en el año 1922, residiendo en Ibi desde… toda la vida. Ibi era “el seu poble” para él no había otro. Carmen Bornay, viuda y con dos niñas a su cargo, encontró en Vicent un compañero y fiel apoyo para afrontar la dureza de la vida; del matrimonio nacieron otros tres hijos y la familia al completo fue su razón de ser y a ella dedicó todos sus esfuerzos. Para sacarla adelante trabajó en la cuchillería de la fábrica de Payá, en el almacén de Juguetes Feloce y en todos los pequeños empleos que fueran saliendo al paso; como se pueden imaginar, poco tiempo le quedaba para disfrutar de las fiestas de su pueblo.
La historia del tío Vicent y su relación con el mundo de la fiesta, se puede dividir en dos grandes momentos:
-El primero de ellos a través de la comparsa de los Almogávares a la que perteneció toda su vida. Pues bien, fue a través de su yerno, José Vidal Verdú, “Puig”, socio fundador de la misma, quien lo invitaba a jugar a las cartas en el Cau del Carreró. Allí disfrutaban de un ambiente amigable y, poco a poco, entre el humo de su inseparable puro y las risas de todos, nacía el amor a la
comparsa. Como no podía ser de otra manera, se hizo socio, dedicándose de a
cosas sencillas y no tan sencillas en la que podía participar.
De esta etapa quizás uno de los momentos más importantes para él y
para toda la familia fue cuando su hija Consuelo salió de abanderada en el año
1972, siendo Capitán de la comparsa don Tomás Díaz. El orgullo, la alegría, el
trabajo de toda la familia, el placer del compromiso realizado fue el recuerdo
que nos transmitió de aquéllos momentos. Sin duda, la sonrisa de Consuelo en
las fotos es el mejor testimonio de su sueño cumplido.
No menos emotivo fue el acompañamiento en el año 1981 a la Mare de
Deu dels Desemparats por las emblemáticas calles de les Costeretes, sus
Costeretes, en la conmemoración del 250 aniversario de la coronación de la
Virgen.
Pero, el inexorable paso del tiempo se impuso y la salida en fiestas, con
los achaques de la edad, le suponían un esfuerzo físico que cada día le
costaba más, con lo que decidió dejar de salir; pero, eso sí continuó vinculado
a su comparsa, que ya formaba parte de su vida, como socio protector.
-Es ahora cuando empieza la segunda etapa de su relación con la fiesta
que vendrá determinada por su vinculación con la Comisión de Fiestas,
coincidiendo con las presidencias de Paco Martín, Miguel Beneyto, Francisco
Santonja y Enrique Montesinos, hacia los que se sintió profundamente
comprometido.
La organización del almacén se puso a su cargo y como consta en el In
Memorian del programa de fiestas del 2004: a su manera consiguió organizarlo
teniendo controlado hasta el más mínimo elemento…sillas, banderas;
ordenando las revistas de fiestas; colaborando en vestir y preparar a
trompeteros y demás acompañantes de los embajadores y representantes de la
Comisión en las entradas festeras;…facilitando la labor a todos los que acudían
al almacén, ganándose la amistad y el afecto de todos. Qué encanto tiene la
anécdota que continúa narrando cuando hace referencia a los automóviles de
la Comisión, el número 1 era la Mobilette del tío Vicent y el número 2 el carro
que él utilizaba para el transporte de los objetos más pesados. Cuánto afecto
trasmiten estas palabras. Sus familiares, sólo podemos dar las gracias de todo
corazón.
El esfuerzo y la dedicación que el tío Vicent ponía en su cometido fue
generando hacia su persona un cariño especial y una gran confianza en su
trabajo, Todo ello le supuso primero, en tiempos en que fue presidente Paco
Martín, un reconocimiento extraordinario al que asistieron todas las comparsas;
y algunos años más tarde, en 1991 presidiendo la Comisión Francisco
Santonja, se le otorgaba el máximo galardón festero: el título de Festero de
Honor.
Queda en nosotros el orgullo de haber compartido a través de él su amor
a la Fiesta y el reconocimiento de todos los que le conocieron.
V.J.B.

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