La Casa Gran

Todos los ibenses, si exceptuamos claro está, los nacidos dentro de las 3 últimas décadas, tenemos nuestras particularísimas maneras de ver y expresar aquello que la <> ha representado siempre para nuestra Villa.
¿ Qué joven de hace 50 o 60 años no procuró asomarse, lo más de las veces, a su puerta, para contemplar extasiado <> que adornaban sus paredes ?
¿ Qué chiquillo no llegó a soñar que otra vez con aquella armadura estratégicamente colocada en aquel rincón…, o en aquellas espadas dispuestas en forma de cruz sobre el rojo tapiz colgado de la pared ?
Todos los ibenses entramos, por una u otra causa, en la <>.
Siempre hubo un motivo para poder contemplar de cerca aquello que nos parecía extraordinariamente fabuloso.
Los que tuvimos la ocasión de hacerlo antes del año 1936, nos queda el grato recuerdo de haberla visto tal y como era en realidad; ya que, ya que la contienda nacional, como en tantísimas otras vertientes, se encargó de desvirtuar, desmantelar o destruir aquello que el arte y la perseverancia de los entusiastas había ido acumulando con el paso de los años.
Todavía quedan vestigios de lo que fue la <> y nos cabe la satisfacción de poderla presentar como algo nuestro. No para asomarnos, como antaño, a su puerta, sino para entrar y visitar su interior, reflejando su patrimonio en esta pequeña obra de que ofrecemos al visitante con la sola intención de darle a conocer aquello que el pueblo de Ibi llegó a admirar tanto y que ha quedado como un legado suyo, gracias al entrañable amor que por su pueblo sentía su propietaria doña Aurora Pérez Caballero-Pérez.
La finca de la <> limitaba al norte con el cerro de Santa Lucía desde el <>, pinada existente junto al camino de subida a la Ermita, hasta la <> o Subida de San Francisco, por lo que la vista del cerro con su Ermita era posible desde cualquier punto.
Al sur limitaba con lo que todo el vecindario conocía como <>, calle entonces estrechísima (hoy calle San Vicente Pascual), a la que daba la famosa <> o valla que era saltada por los niños en busca de la pelota cuando, impulsada por ellos se perdía tras los límites del citado <<Carreró>>, adentrándose en los bancales que circundaban el jardín.
El propietario de la <>, don Juan Pablo Pérez Caballero Pérez falleció sin descendencia, por lo que dejó la finca en herencia a su hermana doña Aurora, propietaria de otra muy popular por su peculiar forma de castillo, <>.
Esta señora, de profundas convicciones religiosas y gran amante de su pueblo, donó parte del terreno y el edificio al Ayuntamiento, como ya anteriormente se ha hecho constar.
El resto fue parcelado y vendido siendo construido para viviendas.
El legado condicionaba la propiedad, imponiendo la construcción de un Colegio de Enseñanza Media para niñas, regido por Religiosas Terciarias Franciscanas de la Inmaculada y el edificio de la <> para recepción y hospedaje de huéspedes ilustres del Ayuntamiento.
A partir del año 1962 que se cerró el edificio, se fue deteriorando hasta que, diez años después, en 1972, se pensó en convertirlo en Casa de la Cultura; tirando tabiques; levantando antiquísimos pavimentos de la planta superior y cambiando la cubierta. Incluso llegó a pensarse en su ampliación hacia el sur con la construcción de un salón de actos.
Afortunadamente, esto último no se llevo a efecto, llenando el interés de las autoridades, a partir del año 1976, el deseo de conservar los vestigios de este popular edificio, aunque la falta de recursos no permitió acometer su restauración hasta el año 1979, inaugurándose el día 6 de agosto de 1981, festividad del patrón de la villa, con gran asistencia de ibenses.
El pavimento de cerámica que se pudo rescatar se destinó al salón-comedor; pavimentándose parte de la planta baja y la totalidad de la planta superior, a excepción del gabinete azul que conserva el original, con losetas de color rojo, típico de la zona, alternando con cuadros de cerámica en los que se representan motivos del escudo de Ibi. Todo ello manufacturado por el famoso ceramista de Manises don Vicente Gimeno Aguilella.
Los nuevos techos hubo que revestirlos con vigas artificiales y los pocos muebles que se conservaron fueron restaurados y tapizados, siguiendo las directrices del restaurador don Juan José Alvarez Buendía.

Que la <> fue en su origen una vivienda de carácter señorial nos lo confirman, tanto la estructura fundamental del siglo XVIII, como su características y detalles ornamentales más o menos posteriormente incorporados a su fábrica, como pavimentos, azulejos, etc.

La puerta principal de la <> está situada en la calle Aurora Pérez Caballero Pérez (nombre de su donante), paralela a la ampliación de la plaza de la Iglesia, y su edificio está constituido por dos plantas, conservando íntegra su estructura en la parte exterior, aunque interiormente ha sufrido algunas variaciones en su distribución, por lo que sólo el gran salón de entrada, la cocina, la sala de estar ( en la primera planta), y el cuerpo de la escalera, se mantienen en su estado original, habiéndose visto el resto sujeto a transformaciones que afectan a su distribución, e incluso a los forjados y pavimentos, aunque los muros de cerramiento, balcones y ventanas no han sufrido cambio alguno.

La forma del edificio es perfectamente rectangular.

Su planta baja se compone de un gran salón, al que se accede directamente desde la calle por la puerta principal antes mencionada; la cocina, la sala de estar, la cual tiene anejo un aposento al que se entra por una preciosa puerta que sugiere la de una mazmorra, pero en realidad era una despensa; el salón-comedor, con tres puertas de salida al jardín, la principal con acceso al gran salón y otra comunicación con una sala destinada ocasionalmente a exposiciones; paralela a ésta, la sala de los frescos del siglo XVI; habitaciones de aseo y el arranque de la escalera.

Junto a la puerta principal del salón-comedor hay otra puerta de acceso al jardín, enfrentada con la puerta principal del edificio.

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