2006 Crónica

Al inicio de los trabajos de redacción de cada Crónica de Fiestas me he planteado referirme a esa guerra entre moros y cristianos que no cesa. Me refiero a la guerra real, esa que se narra día a día en los informativos (Irak, Irán, Líbano, Sudán, Chechenia, …). Los campos de batalla están lejos, pero el problema es omnipresente. Hay que aceptar esta situación y hablar de ella sin miedos ni tapujos, pues nos atañe cada día más y, por lo que parece, acabará afectando de una forma u otra a nuestra Fiesta de Moros y Cristianos.

Y digo esto porque al poco de terminar las Fiestas se inició un debate mediático sobre la conveniencia u oportunidad de modificar estas tradicionales festividades. Conservo un par de interesantes artículos de prensa y comparto la opinión de sus autores: una cosa es destrozar la cabeza de la “mahoma” con petardos, que según Vicente Molina Foix[1] debería ser evitado por ética y por estética; y otra muy distinta entender la rutina de la derrota del bando moro como un ataque a las convicciones religiosas de los musulmanes. Como decía Enric Soria[2] “… És cert que ofrendre la gent sense necessitat s’ha d’evitar, però també ho és que hi ha gent disposada a afrontar-se per cualsevol cosa”.

Similares reflexiones rondarían a Vicente García Pascual, mantenedor de la Exaltación Festera, cuando decidió dedicar una gran parte de su alocución a recordar, con prolijas citas a importantes historiadores, aquellas épocas en las que convivieron musulmanes, judíos y cristianos en perfecta paz y armonía, sólo rota posteriormente por el afán conquistador de una de las comunidades.

Todo lo anterior puede parecernos más o menos lejano, pero una realidad más cercana nos apabulla por su crueldad. Los noticiarios del mes de agosto nos ofrecían las imágenes, no por repetidas menos dolorosas, de esas destartaladas embarcaciones, llamadas pateras, o los más evolucionados cayucos, que llegan por docenas a las Canarias (6.000 personas indocumentadas desembarcaron en las Islas en el mes de agosto de 2006). Por más que miro a mi alrededor, no veo a nadie más “desamparado” que estos inmigrantes.

Y hablando de “desamparados”, este año se ha celebrado una importante efeméride local: el 275 aniversario de la llegada de la imagen de la “Mare de Deu” y el 75 de su coronación como patrona de Ibi. El grueso de la celebración recayó sobre la Iglesia, siendo sus sacerdotes conscientes de que “… estamos en un momento histórico en la que secularización de nuestra  sociedad se ha hecho mucho más severa y, que la pluralización de los referentes culturales que dan sentido a la vida de nuestros ciudadanos se ha agudizado”[3].

Se formaron equipos y subcomisiones de trabajo en cada una de las parroquias para acometer un ambicioso calendario de celebraciones que respondían a un triple objetivo: el pastoral, el solidario y el festivo. A lo largo del año fueron organizadas numerosas e interesantes actividades solidarias, conferencias y exposiciones, aunque lo más simbólico fue el traslado de la imagen de la Virgen a cada uno de los barrios de la localidad, acompañada en cada una de sus visitas por numeroso público.

Por su parte, la Comisión de Fiestas, que estrenaba su flamante página web, anunciaba que sería posible disfrutar de las Fiestas por Internet gracias a la webcam que se iba a instalar en el Ayuntamiento. Comprobé personalmente que la calidad de las imágenes era bastante baja y, además, el sistema tuvo algunos fallos de funcionamiento, aunque no por ello hay que dejar de alabar la iniciativa.

De la presentación del programa del día 31 de agosto me gustaría destacar dos cosas. La primero, el acierto con el cambio de lugar, pues cómodamente sentados en el Centro Cultural de la Villa pudimos escuchar las intervenciones sin el molesto murmullo de la gente que se aglomeraba a la parte de arriba en la Casa Gran. Y la segunda, el magnífico resumen del contenido que hizo Antonio Teruel, ilustrado con las imágenes de las páginas del programa proyectadas en perfecta sincronización. Del programa en sí resaltaría la cuidada selección de fotos, sin los lamentables olvidos de otros años, pero criticaría la reducción del tamaño del tipo de letra, motivo de queja por parte de personas mayores con dificultad de lectura.

Digna de aplauso es la iniciativa de la Comparsa Almogávares, que organizó una interesante conferencia titulada “VII Centenario de los Almogávares en Bizancio”, impartida por D. Guillermo Rocafort Pérez, Caballero Legionario del Tercio Gran Capitán, 1º de la Legión, y que tuvo lugar el sábado día 2 en el Centro Social Polivalente.

Poco a poco se acercaban las Fiestas y los días previos no estuvieron exentos de buenos presagios: el día 3 de septiembre, en la final del Mundial de Baloncesto de Japón, la selección española de Baloncesto derrotaba a la de Grecia por un contundente 47-70 y conseguía la primera medalla de oro de la historia.

En la cena previa a la inauguración del alumbrado extraordinario de las calles, la Concejal de Fiestas me confirma que se siguen renovando las luminarias y que las nuevas mantienen los diseños típicos, es decir, castillos almenados, arcos de medio punto y la omnipresente silueta de la Virgen.

Se quieren organizar tantas cosas en tan pocos días que las disfunciones acaban siendo inevitables. Por ejemplo, para el día 8 el programa anunciaba “filaetes” por el mismo recorrido que debería pasar el Correfocs de “La Quarantamaula”. Hubo que improvisar una solución, así que el extraordinario Correfocs, auténtico acontecimiento lúdico festivo que congregó a una inmensa cantidad de ibenses, aceleró su llegada a la calle Manuel Soler y los participantes en las “filaetes” retrasaron el paso, de forma que no coincidieran ambos pasacalles. En nombre de todos aquellos que no se quieren perder nada, pido que se haga un mayor esfuerzo en evitar la coincidencia de actos.

Y los medios de comunicación no cesan de darnos motivos para el debate. El viernes 8 se conoció la Sentencia de la Audiencia Provincial de Alicante que da la razón a las tres festeras injustamente vetadas por la Filá Navarros de Alcoy. Como a tantos otros, me satisface ser festero en un pueblo donde la participación femenina está plenamente asumida y normalizada (como en la mayoría de las poblaciones de nuestro entorno), alejados de integrismos y falsas ortodoxias en las que otros desean permanecer cada vez más aislados.

Uno de los actos extraordinarios del pasado septiembre fue la celebración de la Novena del día 9 junto al Ayuntamiento, trasladando la imagen de la Virgen a un templete instalado en la calle Les Eres. Llevaba un par de días amenazando tormenta y todos los preparativos para esta Santa Misa frente al Castillo estaban condicionados al buen tiempo, pues de lo contrario, la imagen no saldría de la Iglesia. Con un aviso previo en forma de truenos, a las 6 de la tarde, apenas una hora antes de dar inicio el acto, llovía tímidamente, impidiendo a la Orquesta y Coral hacer las necesarias pruebas de sonido. Pero escampó y todo se pudo desarrollar sin incidentes ni sobresaltos (por allí andaba Ramón preparado por si había que ponerle el chubasquero a la imagen). Al finalizar la ceremonia religiosa, distintos grupos locales interpretaron cantes y bailes típicos de distintos lugares del mundo, en una nueva demostración de lo que puede representar la globalización bien entendida.

Pero antes de cenar, aún hubo que hacer un hueco para asistir a la inauguración de la vidriera colocada en el edificio de la Casa Consistorial, una obra a cargo de Vicente Ferrero en la que destaca, una vez más, la imagen de la Virgen de los Desamparados. No cuestiono la calidad de la obra desde el punto de vista artístico, pero estoy entre los que opinan que su colocación en un edificio público choca frontalmente con el principio de aconfesionalidad del Estado.

Con tanta ceremonia previa, no es de extrañar que ya se hubiese previsto retrasar hasta las 12,30 horas el inicio de la Exaltación Festera, que se celebró en el lugar de costumbre, una vez descartada la posibilidad de hacerlo frente al Castillo y junto a la imagen de la Virgen. Creo que se trató de una decisión acertada, ya que la Exaltación tiene su propio ritmo, su peculiar ambiente, al que los protagonistas de la Fiesta no querían renunciar. Una vez más, Capitanes y Abanderadas recibieron el caluroso aplauso del público que llenaba el Teatro Salesiano, llamando especialmente la atención la emoción entre las amigas de la Abanderada de los Chumberos, la euforia de la Abanderada de los Guerreros y los besos y abrazos de los Capitanes con sus mujeres e hijos en este preludio de sus días más grandes.

Un sobresaliente se merecen la presentadora, Marta Pastor Morant, los miembros del ballet Kronos y el mantenedor, D. Vicente García Pascual, del que destacaría la primera parte de su discurso, por las interesantes referencias históricas a una época medieval en la que, como he dicho antes, existió una convivencia pacífica entre todas las religiones presentes en la península ibérica.

Recibí la grata invitación por parte de la familia del Capitán Moro, José Ramírez Mellado, para asistir al concierto de música festera a cargo de la agrupación artístico musical “El Trabajo” de Xixona, el domingo 10 de septiembre en la Casa de la Cultura de Ibi. Tal y como se había anunciado, fue estrenada la marcha mora titulada Al ‘Murabitum, compuesta por el maestro D. José Rafael Pascual Vilaplana, y tal y como era de imaginar, el concierto sirvió para testimoniarle al Capitán el cariño que le profesan tantos y tantos ibenses, especialmente los componentes de su comparsa.

El día 11 hubo amagos de tormenta, pero el 12 (martes) cayó un buen aguacero en Ibi que obligó a modificar el programa de actos, de forma que al terminar la Novena se anunció a los asistentes que el Concierto que tenía que celebrarse frente al Castillo pasaba a celebrarse en el Teatro Salesiano. La “Banda Unión Musical de Ibi”, bajo la dirección de Jaume Francesc Ripoll Martins, interpretó una muy estudiada selección de memorables pasodobles y marchas que impresionó al numeroso público que pese a las inclemencias del tiempo llenó el aforo del Teatro.

Tengo que confesar que no asistí a la Verbena del Fester, pero las personas con las que hablé dicen que estuvo muy bien, con buen ambiente y buena música. Los DJ’s, conscientes de que a la gente le gusta desfilar, pincharon marchas festeras, lo que hizo las delicias de todos los asistentes. Según me cuentan, hubo dos “go-gos” que quitaban el hipo, aunque el público femenino echó de menos los “go-gos” del género masculino.

El día de la Olleta encontramos a todo el pueblo movilizado en una delirante secuencia de idas y venidas que provoca no pocos colapsos, como el que normalmente se forma en los aledaños del Estadio Climent, al que los festeros acuden a recoger su preciada dosis de pólvora. Mientras los más responsables se afanaban en ultimar los detalles del zoco, otros muchos inician una descontrolada ingesta de bebidas alcohólicas que culminará en un desfile nocturno multicolor por las calles de Ibi. De los disfraces destacaría alguna oportuna alusión al fraude masivo en Forum Filatélico y poco más.

Finalizados todos estos abundantes preliminares, llegó el momento de ponerse el traje y arrancar a desfilar. Sin embargo, a la Diana del viernes 15 acudió muy poco público (digamos que los realmente adictos). A las 8 de la mañana hacía frío y viento, y desde la Iglesia al Ayuntamiento no había ni uno sólo espectador sentado en las tribunas.

Pese a los esfuerzos por empezar la Entrada Cristiana a la hora prevista, lo cierto y verdad es que el Capitán no llegó al Ayuntamiento hasta las 12,20 horas aproximadamente, nada comparado con los retrasos que sufriríamos más tarde.

La primera parte del boato estaba inspirada en la verdadera historia de los Almogávares, destacando la inédita participación de la “Coral Ibense” interpretando una adaptación de Eduardo Terol de la pieza In Taberna quando sumus, extraída de los auténticos Carmina Burana medievales (los que sirvieron de inspiración a Carl Orff para componer la famosa opera), y el grupo de xaramitas, gaita, madera, metales y percusión del Taller de Música “Castell Vermell” que interpretó la pieza Fadrique, compuesta para la ocasión por Bene Ripoll Belda. Todos los trajes, estandartes y demás elementos del boato fueron realizados por las personas que desde el principio se comprometieron con el Capitán y formaron su equipo de trabajo. Por expreso deseo del Capitán, su boato no incorporaba escuadras especiales, y tras el grupo de Caballeros venía una carroza sobre la que vimos juntos al Capitán y a la Abanderada, padre e hija, precedidos de cerca por Paz Franco, esposa, madre y ejecutora personal de los trajes que para ellos había diseñado Ester Valls.

Tras la carroza, la “Banda Unión Musical de Cocentaina” interpretaba la pieza La Rosa y el Drac, de Paco Valor, compositor de moda si nos atenemos a la gran cantidad de marchas cristianas de su autoría que se pudieron escuchar a lo largo del desfile.

 

Como viene siendo tristemente habitual de un tiempo a esta parte, la Abanderada de la última comparsa, en este caso la de los Mozárabes, hace su recorrido entre numerosas sillas vacías, consecuencia triste del desfase horario que tanto nos preocupa pero del que tan poco nos ocupamos. Creo que es muy normal y comprensible que a las 15,30 horas, cuando finaliza la Entrada, gran cantidad de público ya esté comiendo.

 

Puedo estar de acuerdo en que nuestras Entradas son sensacionales, pero puedo asegurar también que empiezan a resultar insoportables para gran cantidad de espectadores. Porque la Entrada Mora no fue diferente en este sentido. El boato del Capitán Moro tardó 1 hora justa en llegar frente al Ayuntamiento y pasaba de las 6 de la tarde cuando saludaba a las autoridades en su tribuna.

 

Y con ello no quiero restarle elogios a la capitanía, un verdadero alarde de música, de trajes y de color como pocas veces se ha visto. Las lágrimas que no podía contener la hija de Pepe Ramírez nos daba una idea del esfuerzo realizado por toda la familia y de la inmensa satisfacción que les producía notar que el público estaba realmente impactado. La banda de Xixona interpretaba la pieza estrenada días antes y a la que me he referido más arriba; la mayoría de los casi 50 percusionistas eran profesores de conservatorio reunidos para la ocasión por Samuel, de “La Xafigá” de Muro, amigo de Alex Ramírez; los trajes confeccionados por Vicente Vila, estaban inspirados en grabados de Gustave Doré, David Roberts y Delacroix; carrozas y otros elementos decorativos diseñados y ejecutados por Olegario Bernabeu y Luisa Esteve. Todo este alarde de creatividad intentó ser coordinado por un equipo de doce voluntarios, aunque los cambios de última hora acabaron desquiciando a más de uno. A diferencia de los Almogávares, el boato de la Abanderada almorávide quedó como broche final del magnífico desfile protagonizado por la comparsa capitana.

 

De la espectacular entrada mora creo que debo referirme a los impresionantes boatos de las Abanderadas de los Argelianos y Chumberos, acompañadas ambas por gran cantidad de amigas y familiares. Repito, impresionante, pero preocupaba comprobar que a las 9,30 horas aún faltaban por pasar los Tuaregs y los Mudéjares. El que esto escribe y su esposa, ateridos de frío, decidieron, como tantos otros espectadores, irse a casa y terminar de ver el desfile por la televisión.

 

Pero el retraso de los horarios en las pasadas Fiestas afectó a otros muchos actos, como ocurrió con el Desfile Infantil, que empezó con más de una hora de demora y terminó pasadas las 14,30 horas, dilación que afectó al posterior acto del Contrabando y obligó a suspender la prevista visita al Asilo San Joaquín.

 

Pese a todo, cada año que pasa el Desfile Infantil gana en simpatía. Hemos llegado a un punto en el que la mayoría de las Comparsas intentan montar algún tipo de boato y se nota un creciente esfuerzo en este sentido. Gustó mucho la bandita de los Guerreros, el ballet de los Templarios, la coral de los Piratas, con Mario Mira de Director (con batuta y todo), y el conjunto de globos de colores de los Mudéjares, formando palmeras.

 

Por el contrario, cada año que pasa se comprueba que hay personas que no comprenden que un acto así no se improvisa. Hace falta comunicar de alguna forma al público en general que las Comparsas necesitan saber con una cierta antelación cuantos niños van a participar en el Desfile, que no se puede acudir a última hora al Patronato para exigir que se haga un hueco en el boato a tal o cual niño. Los responsables de las Comparsas hacen un verdadero esfuerzo para dar cabida a todos los que se presentan, pero a veces se ven desbordados. Igual de importante considero que sería informar a los padres y madres que para desfilar junto a sus hijos de uno o dos años de edad, no basta con vestir a la criatura, sino que debe vestirse el acompañante, con el fin de no desentonar con ropa de paisano dentro de un conjunto de trajes moros o cristianos.

 

En cuanto a la Entrada del Contrabando, parece que la reprimenda del año pasado sirvió para que mi amigo Claudio Corneta se diese cuenta que emular al Tío Cagamistos no es cualquier cosa, ni tarea fácil estar a la altura de Veri. Este año tenía del papel bien aprendido y pudimos asistir a un Contrabando mejor preparado (casi como los de antes).

 

Salvo por la demora en su inicio, el Alardo previo a la Embajada Mora se desarrolló sin incidentes dignos de mención. Destacaron los bien montados equipos de cargadores que facilitaban el disparo de los Capitanes, con la típica y sincronizada rueda que permite escuchar una detonación cada dos o tres segundos. Pepe Ramírez me asegura haber consumido 56 kgs. de pólvora en el conjunto de las tres tiradas. Por su parte, tanto los Cops Mozárabes (Escuadra “¡Aixina, Aixina!”) como los Mudéjares (Fernando Vilaplana y Ramón Verdú), optaron por utilizar el sistema de trabuco único que permanece en las manos del tirador mientras a derecha e izquierda se le suministra pólvora y pistón, ofreciendo al numeroso público un auténtico espectáculo de luz y sonido.

 

En la Embajada Mora, Martín Bonillo confirmó aquel refrán que dice “hasta el mejor maestro echa un borrón”. El veterano Embajador tuvo un lapsus y se vio obligado a recurrir al papel para arrancar su parlamento. Al contrario de lo que cabía esperar, el nuevo Embajador Cristiano, Juan Pedro Galiana Cortés, supo contener los nervios y lo hizo muy bien en ambas Embajadas.

 

El reajuste horario era imposible y la Ofrenda de Flores también empezó con un retraso considerable respecto a la hora prevista. Se pudo observar la participación en el desfile de muchos festeros y niños, además de las mujeres, que venían siendo las protagonistas de este acto. No es que me parezca mal que intervengan los hombres y los niños, pero ello debería obligar a la organización a replantear los esquemas del desfile, so pena, una vez más, de prolongar en demasía el acto y que acabe desluciendo por excesivo.

 

La Guerrilla del domingo, como es habitual (salvo por lo ocurrido en el año 2005), contó con escasa presencia de tiradores, pero los que acudieron se merecen todos los halagos, porque hay que echarle ganas y valor para levantarse a las 7 de la mañana, coger el trabuco y subir al Patronato. El premio lo encontramos al final, con el Juicio Sumarísimo y Fusilamiento del Moro Traidor, a cargo de los Chumberos, que enriquecen el guión cada año con improvisadas alusiones a los personajes y acontecimientos locales de cierta relevancia. Como es sabido, el Moro Traidor es representado cada vez por un Chumbero distinto y este año le tocó el “honor” a Jorge Ferrara.

 

En mi primera crónica, al hablar de la Misa Mayor critiqué abiertamente el contenido del sermón. Este año tengo que hacer todo lo contrario y reconocer que me sorprendió la homilía del nuevo Párroco, D. Antonio Esteve Seva, por la frescura de alguna de las ideas que expuso, por enlazar de forma coherente referencias a la Fiesta, a la religión, a la inmigración, a la solidaridad, a la reconciliación, a la amnistía, … Como muestra para los incrédulos sirva esta frase: “Hoy nuestra sociedad es pluralista. Nuestras fiestas aún tienen una identidad cristiana y mariana y, al mismo tiempo, muchos de los festeros no comparten estas convicciones”.

 

Poco a poco íbamos quemando las etapas de ese guión que se repite año tras año y la Fiesta nos conduce inexorablemente a ese momento en el que el Bando Moro sucumbe frente a las tropas Cristianas y de nuevo ondea el pendón de la cruz en lo más alto del Castillo. Sin solución de continuidad, apenas desaparecen las caballerías, el público y los festeros se agolpan frente al Ayuntamiento para no perderse la Vuelta al Castillo, momento álgido en el que los futuros protagonistas rubricarán su compromiso con la Fiesta.

 

Quizás valga la pena hacer una breve reflexión sobre lo que significa “dar la Vuelta al Castillo”, porque año tras año observo que los Capitanes y las Abanderadas son seguidos por nutridos grupos de amigos y familiares vestidos de paisano. Mi reflexión no tiene por objeto criticar que las personas vestidas de paisano participen en el acto, ni mucho menos; pero sí recordarles a esas personas que al hacerlo están adquiriendo una responsabilidad con ese Capitán o esa Abanderada a la que acompañan, que se siente orgulloso de contar con su apoyo. Por lo tanto, lo censurable es que a lo largo del año se dejen enfriar los ánimos y llegadas las Fiestas del año siguiente muchos de esos efusivos acompañantes no se vistan de festeros y no estén al lado de esa persona junto a la que sellaron el compromiso.

 

Pues bien, en ese ambiente de euforia que caracteriza al acto, Luis Pina pasaba el testigo de la Capitanía Cristiana a Juan Francisco Valls Brotons, de la Comparsa Guerreros, y Pepe Ramírez hacía lo propio con José Joaquín Armero López, de la comparsa Beduinos, próximo Capitán Moro. A uno y otro siguieron todas las Abanderadas de ambos bandos, excepto en el caso de la Comparsa Almorávides y la Comparsa Almogávares. No deja de llamar la atención el hecho de que precisamente las dos comparsas capitanas en 2006 no tengan Abanderada para el 2007. El motivo quizás esté en la mente de muchos y es comprensible que, visto lo visto este año, pocas personas estén dispuestas a hacer un esfuerzo tan grande para acabar la Entrada desfilando sin público.

 

Tras la Procesión, que empezó a la hora prevista, quedaba un espectáculo final anunciado a bombo y platillo en los días previos a las Fiestas. Desde la Concejalía de Fiestas se había previsto sustituir el tradicional castillo de fuegos artificiales por un innovador espectáculo pirotécnico en la misma Plaza de la Iglesia. Pero una vez más se pudo constatar que estos cambios necesitan una adecuada planificación y organización, no completamente lograda en este caso. Pude comprobar como se aglomeró una gran cantidad de público en torno a la fuente de la Plaza de la Iglesia y calles aledañas, generando un considerable peligro, sobre todo cuando por un lado los agentes del orden hacían hueco frente a las escaleras de la Iglesia para ubicar a las autoridades y, por otro, otros agentes hacían lo posible por apartar al numeroso público de las carcasas y tracas situadas en las escalinatas que suben hasta el monumento a la Virgen. El resultado fue que unos salieron quemados; otros con pólvora en los ojos; y muchos que no vieron nada. Un aplauso para la idea y un suspenso para su ejecución.

 

Bueno, y conforme hablaba con unos y con otros tras las Fiestas del 2006, percibía que muchos ibenses me reclamaban que esta crónica contuviese una dura y expresa crítica a la Comisión por el desbarajuste de horarios al que me he venido refiriendo a lo largo de los párrafos anteriores. Para la mayoría resulta evidente que lo ocurrido es un desastre organizativo sin precedentes cuya responsabilidad hay que atribuir a la Comisión de Fiestas, empezando por el Presidente y acabando por el que cobra las entradas.

 

Sin embargo, siento tener que manifestar que no estoy totalmente de acuerdo con esas opiniones y voy a intentar explicar porqué digo esto. Llevo siendo festero desde el año 1976, tengo experiencia como Presidente y Delegado de Comparsa, y puedo asegurar que el problema del incumplimiento de los horarios ha estado presente de forma continuada y permanente. Quizás lo que ha pasado este año es especialmente grave, pues nos hemos quedado sin crédito frente al público, que venía soportando estoicamente un año tras año nuestra “pachorra” y que ha dicho basta.

 

Si estamos de acuerdo en que esto no debe repetirse, habrá que estudiar el asunto muy en serio y no caer en la trampa de argumentos fáciles. Ni se puede generalizar ni se debe simplificar el problema. En Ibi llevamos años alimentando un engendro extraordinario y espectacular, pero ahora resulta que no lo podemos controlar fácilmente, que se nos va de las manos. El fracaso de la Fiesta no es sólo el fracaso de la Comisión, sino de todos los festeros. El equipo de la Comisión no es nada sin la colaboración de todos y cada uno de los Presidentes y Delegados de comparsa. No debería ser tabú aceptar que falta seriedad y responsabilidad en todos los estamentos de la Fiesta, que se planifica poco y se improvisa mucho; el mismo empeño que derrochamos en engrandecerla nos falta para organizarla.

 

Considero mi obligación dejar constancia expresa de la decisión adoptada en la Junta de Gobierno de 14 de marzo de 2006, relativa a la necesaria aplicación de los acuerdos de la Junta de 18 de enero de 1991, que limitaban a una banda de música por cada tres escuadras y un mínimo de 25 músicos por banda. Pocas comparsas intentaron respetar estos límites y otras cuantas los superaron ampliamente, lo que obliga a los responsables de la Comisión a plantearse adoptar posturas más severas.

 

Así que termino esta crónica lanzando una pregunta: ¿tan difícil nos resultaría ponernos de acuerdo en adoptar tres o cuatro medidas drásticas por el bien de la Fiesta? Por mi parte propongo prohibir o desincentivar los “dobletes”, ajustar el número de bandas de música al número de festeros reales de cada comparsa y limitar la duración y composición de los boatos. Imagino que cada cual tendrá sus propias propuestas y lo lógico es sentarnos a debatirlas con tiempo para aplicarlas. Una vez más ofrezco mi dirección de correo electrónico para recibir cualquier tipo de comentario o crítica: basseta@gmail.com

 

[1] “Cristianos, moros y un grupo de judíos con greñas”. El País, 15 de octubre de 2006.

[2] “De moros (i cristians)”. El País, 12 de octubre de 2006.

[3] Extraído de la “Propuesta Pastoral para el 275 Aniversario”.

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