2004 Crónica

Recién nombrado para el cargo, inicié un proceso de documentación en Internet y entre los materiales encontrados destacaré un artículo del Dr. José Enciso Contreras, Ex-Cronista del Estado de Zacatecas (México), del que os cito un párrafo: “La memoria es la virtud de registrar mentalmente el tiempo y los acontecimientos con que lo recordamos. Y debemos aceptar que las comunidades humanas suelen tener una imagen de sí mismas. No siempre se logra que la imagen que el colectivo se forma sobre su identidad se corresponda plenamente con la realidad. El cronista toma aquí el papel de memorioso. De registrador de su acontecer, evocador por excelencia de los hechos pretéritos de la comunidad a la que pertenece; gestor de la memoria histórica de la tribu”.

Sin embargo, estas palabras pertenecen a otros tiempos. Hoy vivimos en la era del multimedia; CD’s, videos, DVD’s han inundado nuestra vida y la crónica escrita, a la antigua usanza, ha quedado como una reminiscencia del pasado. Cuando generaciones futuras quieran conocer las Fiestas del 2004 acudirán a otra crónica, la que está en otros soportes audiovisuales; ésta será meramente testimonial. Por estos motivos intentaré aportar detalles que dificilmente pueden ser reproducios en archivos de imagen y sonido.

Bien, se comprenderá que al ser éste mi debut como cronista, haga una obligada referencia a la figura de mi predecesor en el cargo. Es un tópico decir aquello de que las comparaciones son odiosas, pero en este caso, además, son imposibles; ya me gustaría que mi crónica tuviera el número de lectores alcanzado por José María Ramírez Mellado.

Pretendo hacer referencia en mis crónicas a lo bueno y a lo malo, intentando mantener la máxima imparcialidad y huir de triunfalismos facilones. Me gustaría ser lo más objetivo posible, pero advierto que no renunciaré a dar mi opinión personal.

Empezaré mi crónica haciendo referencia a la situación socio-política cuando arranca el mes de septiembre del año 2004, con el mundo en situación de alarma permanente: La guerra de Irak, el secuestro de la escuela por los chechenos, que finaliza el 3 de septiembre, y el precio del petróleo en alarmante ascenso. Europa con un proyecto de Constitución sobre la mesa que puede cambiar la historia del viejo continente. España de luto tras el atentado del 11 de marzo, con un nuevo Gobierno encabezado por el presidente Rodríguez Zapatero, y con la preocupación creciente por el tema de la seguridad en los explosivos que tanto está influyendo en la cuestión de la pólvora que necesitamos para celebrar los Alardos. Y en Ibi, una nueva corporación municipal que va ganando madurez y un gran número de empresarios esperando la entrega de las parcelas en el nuevo polígono industrial L’Alfaç III.

Concretamente respecto a la Comisión de Fiestas diré que cuando empecé a redactar el texto definitivo de esta crónica sonaban rumores de crisis. El proyecto que nacía con tanta ilusión desembocaba demasiado pronto en una ruptura de la que no concemos realmente las causas o motivos. Dividir a los protagonistas de esta crisis en buenos y malos es un método demasiado simplista para analizar estas situaciones. Quizás con el tiempo, que todo lo cura, sabremos realmente lo ocurrido y podremos sacar nuestras propias conclusiones.

Hoy la crisis está superada y estoy seguro de que el nuevo presidente de la Comisión estará a la altura de las circunstancias y garantizará la continuidad de nuestra asociación, pues me apunto al bando de los que no están de acuerdo con que las competencias delegadas en la Comisión de Fiestas, pasen de nuevo al Ayuntamiento de Ibi y perder esta autonomía que tanto ha costado ganar y mantener.

Centrándonos en el objeto concreto de ésta crónica, es decir, en las fiestas de Moros y Cristianos, forzoso será referirse a aquellos momentos claves que precedieron a su celebración en el mes de septiembre. Cerrado el paréntesis estival, entrábamos de lleno en el calendario festero, que este año, al ser día 1 primer miércoles de septiembre, obligaba a adelantar los preparativos; trabajo frenético en la Comisión para cumplir plazos, reuniones en las comparsas a finales de agosto y, en general, todos los festeros ultimando preparativos.

Llegó el jueves 26 y nos reunimos en la Casa Gran para la presentación del programa de fiestas. Hubo un lleno total, muestra inequívoca de la expectación que despierta en todo el pueblo la presentación de nuestra revista. Apenas con un día de antelación se me encargó introducir la presentación y lo hice refiriéndome a las novedades que presentaba esta nueva edición, sobre todo en lo relativo a la mejora del tratamiento de las Abanderadas y la abundancia de material fotográfico. El acto se cerró con la intervención de la alcaldesa de Ibi que pronunció una alocución rebosante de entusiasmo.

La Comparsa de los Contrabandistas conmemoraba el 75 aniversario de su fundación y en el marco de los actos organizados destacó el homenaje que se le hizo el día 27 de agosto a Antonia Martínez Valero, primera Abanderada de la Comparsa en 1929, seguido del nombramiento de siete Contrabandistas de Honor.

El martes 31 de agosto celebramos la tradicional cena de “la prueba del alumbrado”. Hubo gran asistencia de personas con ganas de empezar a desfilar. No en vano se considera esta cena una primicia para los festeros más comprometidos. Debo destacar el ambiente entusiasta del nuevo equipo de la Comisión, con el Alcalde de Fiestas totalmente entregado.

Durante estos días tuvo lugar un lamentable incidente en relación con la pancarta colocada en una fachada de la plaza de la Iglesia, del cual Escaparate, el periódico local, sirvió como caja de resonancia. Creo que todos estamos de acuerdo en lamentar que un espacio público tan emblemático esté afeado por una fachada en tan deplorables condiciones (reflejo del abandono general en el cuidado de nuestro casco antiguo). Ahora bien, esto no significa que toda la responsabilidad deba achacarse a los propietarios ni, mucho menos, dudar de las buenas intenciones del Concejal de Fiestas.

Recién iniciado septiembre, el miércoles 1 tuvo lugar la inauguración del alumbrado extraordinario; estrenándose las nuevas luminarias con motivos autóctonos y con las que se pretende dotar de una cierta uniformidad y coherencia al conjunto de calles iluminadas, proyecto de la Concejalía de Fiestas que se rematará en el 2005. Se sentía el típico ambiente de fiesta en la calle Les Eres, con el público expectante ante el espléndido castillo de fuegos artificiales que se pudo contemplar, ambiente que se prolongó hasta la noche con las primeras “Entraetes”, a cargo de Maseros y Argelianos, con bastantes espectadores pese a lo avanzado de la hora.

Con motivo de su quinta capitanía, la Comparsa Cides organizó una exposición fotográfica que recogía la trayectoria de la comparsa desde su fundación, inaugurándose el día 28 de agosto en presencia de autoridades y cargos festeros.

En esta apretada agenda fuimos muchos los que hicimos un hueco para asistir, el miércoles 1 y/o el jueves 2 a la representación del sainete festero Especial i Façedura, cuyos coautores son Juan Diego Ferre Doménech, José Luis Coloma Blanes y Javier Navarro Victoriano. Hubo un lleno total en ambas representaciones, en las que pudimos reírnos sin parar en una actuación memorable, destacando el papel de Nacho Sánchez, pletórico, y de “Juanro”, que sin decir palabra nos tuvo a todos los espectadores pendientes de sus gestos.

El viernes 3, en el Centro Cultural, tuvo lugar el acto de Hermanamiento Almorávide, culminación de los actos organizados con ocasión de su 25 aniversario. Fue presentada una extraordinaria obra multimedia con imágenes y vídeo de todas y cada una de las personas que han ostentado cargos de relevancia en la comparsa lo que, unido a los homenajes posteriores, provocó escenas de intensa emoción entre los asistentes.

Y llegó la Exaltación Festera, el sábado 4 en el Colegio Salesiano. Creo que no exagero si califico de atrevido el inicio del acto, con un grupo teatral que escenificó algunos cuentos de contenido picante. Sin embargo, hay que reconocer que fue muy original, como original fue el mantenedor al intercalar fragmentos musicales entre su alocución; toda una clase magistral de música festera a cargo de José Francisco Mira Marín, uno de los músicos más relevantes de nuestra población.

El domingo 5 pudimos asistir a un magnífico concierto de música festera organizado por la Comparsa Tuareg en el Centro Cultural, como homenaje a su Capitán y Abanderada. El salón de actos estaba a rebosar y hubo escenas de emoción al recordar a los ausentes (al presentador no le salía la voz). Carlos Valls Payá y Pilar Cremades Bernabeu se llevaron una grata sorpresa con la proyección de una película que daba un repaso a su vida desde la más tierna infancia. Las lágrimas no tardaron nada a aflorar y así estuvieron toda la noche (llorando y dando las gracias a todos), especialmente tras el estreno, también de sorpresa, de la marcha Al Mellat, compuesta por Francisco Valor, una pieza con tintes árabes, en consonancia con lo que días después sería el boato del Capitán en la Entrada.

Tanto el acto de los Almorávides como el de los Tuareg son de esos que no se olvidan, que refuerzan la Comparsa (porque se perciben sentimientos grandes y hermosos). Un homenaje a los Capitanes y Abanderadas que contiene un homenaje a todos nosotros, porque nos identificamos con ellos, porque nos gustaría estar en su lugar y porque, en el fondo, ellos son nosotros y por eso nos representan.

Otro de los momentos que empiezan a arraigar es el Concierto de Música Festera interpretado frente al Castillo por la Unión Musical de Ibi, dirigida por Jaume Francesc Ripoll Martins, que este año se celebró en la noche del martes 7 de septiembre. El director intentó montar un repertorio variado, con piezas de autores clásicos, como Amando Blanquer o Julio Laporta, hasta otros contemporáneos como José Rafael Pascual, sin olvidar al compositor local Benedicto Ripoll Martínez. La novedad era que el concierto se iba a grabar en directo para la posterior edición de un disco compacto que inauguraba una serie monografica titulada “En Directe”, producida por la empresa Audioart. Por cierto, la presentación de esta grabación se hizo el pasado 29 de octubre en el Centro Social Polivalente.

Al día siguiente, miércoles 8, la Verbena del Fester volvió a la Glorieta de España con una nutrida asistencia de público, en lo que consideramos un aperitivo de los días grandes que están a punto de empezar.

Así, casi sin darnos cuenta, llegamos a la Nit de l’Olla, precedida por el tradicional rezo del Angelus y pregón de la alcaldesa desde el balcón del Ayuntamiento, con los que las máximas autoridades civil y religiosa aperturan oficialmente nuestras Fiestas.

Del Desfile de la Olleta poco se puede decir. No faltaron los consabidos cortes que ralentizaron el desfile, que pese a todo terminó antes de la hora prevista. El disfraz está implantado pero no es menos cierto que más de uno se siente un poco ridículo con él. Somos muchos los que en su día no éramos partidarios del disfraz, pero forzoso será aceptar que, mientras no haya un acuerdo expreso en la Comisión, cada comparsa tiene libertad y autonomía para decidir sobre la cuestión. Ahora bien, lo que quizás ya no tiene tanta justificación es el abuso que se viene cometiendo sistemáticamente en el consumo de bebidas alcohólicas (y otras sustancias), toda una irresponsabilidad a la que deberíamos intentar poner coto entre todos. Este abuso es un grave problema social y resulta lamentable que para muchos jóvenes la Olleta sea el rito de iniciación en alguna drogodependencia.

Sin embargo, un buen número de festeros no querían abusar, pues al día siguiente, de buena mañana, tenían que estar vestidos de gala para participar en la Diana Festera. Pese a la temprana hora, hay que reconocer que cada año se nota un aumento de público, ilusionado por contemplar el desfile de las escuadras, perfectamente ataviadas, desde la plaza de la Iglesia hasta sus respectivos zocos.

Poco más tarde, con un sol que prometía ser de justicia, tenía lugar el arranque de la Entrada Cristiana. Eran momentos de tensión y nervios. Debía estar todo a punto, tener localizados a los músicos, las carrozas, los caballos, pero todo salió bien. El Capitán de los Cides, Vicente González Quintana, exultante, bajaba por la avenida montado en una espectacular plataforma que representaba la figura de un grifo (animal mitológico con cuerpo de león y alas y pico de águila). Integrando el boato de la Capitanía, los grupos locales Castell Vermell y Font Viva interpretaban en estreno la fanfarria Mandobles, de Bene Ripoll Belda al tiempo que un nutrido grupo de artistas recreaban un espectáculo circense medieval. Del boato del Capitan merece destacarse la abundancia de jinetes a caballo, reflejo de la pasión de Vicente por estos animales.

Sería prolijo enumerar cada uno de los detalles de buen gusto que tuvimos ocasión de contemplar a lo largo del desfile. La Entrada Cristiana va abandonando la sobriedad de antaño y se enriquece con detalles que intentan situarnos en ambientes de la Edad Media. Todo aderezado de coreografias, guirnaldas de flores, carros tirados por bueyes, justas y peligrosas competiciones sobre enormes plataformas. Sólo me resta ensalzar el esfuerzo de todos y todas y darles la enhorabuena en general.

En el aspecto negativo cabe destacar la poca variedad en las piezas musicales interpretadas, con notable ausencia de pasodobles y reiteración de archiconocidas marchas cristianas. Creo bastante complicado que las comparsas puedan poner en común todas las interpretaciones previstas (quizás porque, realmente, muchas son imprevistas), pero bastaría quizás con exigir a las bandas un repertorio más variado.

En cuanto a la Entrada Mora resulta ineludible empezar elogiando el boato del Capitán, recreación casi perfecta de la típica caravana de mercaderes del desierto, fruto del trabajo y de la imaginación de Pilar Sánchez y en la que se implicaron gran cantidad de amigos y familiares. Integrado en el boato, el grupo Castell Vermell estrenó la pieza Sarraïna, de Bene Ripoll Belda. Capitán y Abanderada, compartiendo carroza, fueron acompañados por la Banda del Ateneo Musical de Cocentaina que interpretaba la pieza Al Mellat, de Francisco Valor, estrenada en el concierto de los Tuareg al que me he referido con anterioridad. Si el caballo se erigía en protagonista del boato del Capitán Cristiano, el dromedario lo sería en el del Moro, del que igualmente hay que destacar la coherencia de las vestimentas, todas en distintos tonos de azul.

También en la Entrada Mora asistimos a profusión de detalles exóticos: Serpientes, elefantes, fakires, malabaristas, saltimbanquis, danzarinas y jaimas. No puedo dejar de mencionar la participación de Abanderadas y Capitanes de la Comparsa Almorávides que precedieron al boato de su Abanderada en el colofón de las celebraciones organizadas con ocasión de su 25 aniversario.

Contemplar los boatos de las Abanderadas, la abundancia de bandas de música y el derroche de medios materiales y humanos que hacemos los festeros (tanto moros como cristianos) obliga a preguntarse una vez más cómo es posible que no hayamos conseguido una declaración de interés turístico para nuestras fiestas.

Sin embargo, tenemos que reconocer que hay algo que no funciona. No podemos seguir consintiendo que la excesiva duración del desfile acabe desalentando a gran número de espectadores. El sacrificio tiene un límite y no son pocos los que se van a comer antes de que hayan pasado todos los festeros. Es una pena y hay que poner soluciones cuanto antes. Quizás tengamos que sacrificarnos nosotros también y marcar un control más restrictivo a la participación (¿por qué no empezamos por marcar un límite a las bandas de música o a los ballets?).

En otro orden de cosas, me resulta imprescindible aludir a las retransmisiones que Tele Ibi realizó de ambas entradas. No cabe duda de que los comentaristas, entre los que me incluyo, no resultan del agrado de todos los espectadores. En nuestra defensa diré que se nos invitó con muy pocos días de antelación (yo, gracias a las notas que me proporcionó mi colega Carlos Valls Cremades, sólo pude hablar con cierta comodidad de lo relativo al boato del capitán moro). Resulta ciertamente complicado comentar las entradas sin tener a mano documentación y datos interesantes de cada comparsa y de cada Abanderada. El reto es de Tele Ibi, que contará con la colaboración desinteresada de muchos voluntarios, pero hay que prepararlo con tiempo e insistir a las comparsas en la importancia de suministrar datos.

El segundo día de la trilogía festera, sábado 11, arranca con la Diana “Despertà”, la “Missa del Fester” y el Desfile Infantil. De éste último debo destacar el creciente esfuerzo de las comparsas en adornar el acto. Mención especial se merecen los Maseros (gracias nuevamente a Jesús Reig) y los Mudéjares (bajo la responsabilidad de Palau y Amorós). A continuación, la Entrada del Contrabando a cargo de Maseros y Contrabandistas.

Por la tarde tiene lugar el Alardo, derroche de pólvora y ruido al que contribuyen un número cada vez menos nutrido de festeros tiradores. No podemos permitir que las dificultades burocráticas pongan en peligro una tradición tan arraigada, punto neurálgico de nuestras fiestas. Es obligado concienciar a todas y cada una de las comparsas de la importancia de este simulacro y exigirles adoptar medidas para potenciar la participación de mayor número de sus componentes. Es un esfuerzo del que no nos arrepentiremos nunca.

En cuanto a los “Cops”, debo confesar que me sorprendió el de los Templarios, a cargo de Paco Navarrete, José Ramón Navarro y Francisco José Vicedo, que demostraron que la juventud de su comparsa está en relación inversa a la experiencia y buenas formas en el tiro; se les acabó la pólvora antes de lo previsto, pero amigos y conocidos se movilizaron y se recogió pólvora suficiente para acabar los Alardos. Román Picó y Antonio Martí, por parte de los Chumberos dieron un auténtico recital sonoro, sin escatimar pólvora y esfuerzo, y me confiesan que no se lisiaron las manos gracias a los buenos oficios de Araña en el vendaje.

En la Embajada Mora, ambos embajadores, Rámirez y Bonillo, reviviendo sensaciones, estuvieron a la altura de las circunstancias y pudimos disfrutar de una magnífica representación, finalizada la cual el pendón musulmán inició su efímero ondear desde las almenas más altas del Castillo. Destacó el intento por parte de la Comisión de innovar en un acto que lleva 30 años sin apenas variaciones, introduciendo unas peculiares llamadas de Embajadores utilizando la fanfarria El Pregó, así como la interpretación de dos piezas: L’Entrà dels Kabiles y El Rey de Dinamarca, a cargo todo ello del grupo Castell Vermell.

Por la noche llegó este momento tan esperado por muchos, especialmente mujeres, que con sus mejores galas inician la Ofrenda de Flores a la Patrona, un acto que goza de una amplísima participación popular y numerosa asistencia de público y tras el cual queda la imagen de la Virgen flotando sobre un bello pedestal florido.

Y pasó lo que pasa todos los años, que sin darnos cuenta se nos acaban las fiestas. Sin embargo, son muchos los que prefirieron la cama a madrugar y participar en la Guerrilla, que a mi modesto entender es uno de los momentos más bonitos y entrañables de las fiestas. Tras ella, el consabido Juicio Sumarísimo y Fusilamiento del Moro Traidor a cargo de los Chumberos que escenificarón este acto con nuevas variantes alusivas a momentos y personajes de la vida pública.

Casi a mediodía se celebró la Misa Mayor y quizás sea yo el menos indicado para opinar, pero recogiendo el sentir de muchos de los asistentes diré que el sermón dejó bastante que desear y no pasó de ser una apología de principios que no comparten la mayoría de los ciudadanos, aderezado de alusiones improcedentes a festeros y Comisión (muchas personas me han reconocido que no era ni el momento ni el lugar). Pero en la misa, y por cuarto año consecutivo, tuvo lugar una espléndida actuación de la Coral Ibense y, al final, la emotiva despedida de D. Jesús Franco, el cura párroco desde hacía muchos años, lo que hizo que los presentes partieran con buen sabor de boca.

Por la tarde el cielo amenazaba tormenta, pese a lo cual se celebró el segundo Alardo y la Embajada Cristiana a la que siguió un chaparrón de los más grandes que recuerdo en fiestas. Los espectadores apenas tuvieron tiempo de protegerse, pero fueron muchos los que, esperanzados en que amainara, aguantaron estoicamente por si al final se celebraba la Vuelta al Castillo. Con un retraso horario más que justificado pudimos disfrutar de ese momento cumbre que es la Vuelta, ese compromiso para las fiestas siguientes que tomamos antes de terminar las presentes. Ese momento que suele ser de inmensa alegría, fue para algunas comparsas momento de tristeza, al no contar con una persona que tomase la decisión de abanderar a su Comparsa (Beduinos, Argelianos y Chumberos). Y lo que dicen algunos: Tanto que se lucha por la igualdad de sexos, ¿no habrá algún día un valiente que quiera ser Abanderado de una comparsa?

Los que vivieron su momento de gloria fueron los Mozárabes y Mudéjares, a los que en este peculiar ciclo festero les corresponde ostentar la Capitanía en las fiestas del 2005. Ramón Climent Bernabeu y Jaime Jover Belmonte respectivamente, arropados por multitud de amigos y familiares, cumplieron el emocionante ritual de la Vuelta frente a un público entregado en cuerpo y alma.

La tormenta obligó a retrasar el comienzo de la Procesión, ese acto que para muchos resulta ser la culminación de la trilogía festera, momento en el que todos los creyentes se emocionan al recorrer las calles de Ibi acompañando a la imagen de su Patrona, la Virgen de los Desamparados.

También la tormenta fue la responsable de que no pudiera dispararse el tradicional castillo de fuegos artificiales que pone colofón todos los años a las fiestas y que acabó siendo disparado el Día del Descanso por la noche.

Me gustaría hacer una reflexión final sobre el contraste entre el evidente sacrificio económico que suponen las fiestas (recursos monetarios no faltan, sin duda) y, por el contrario, la falta de voluntarios a ocupar cargos en la Comisión (faltan recursos humanos). Quizás sea necesario plantearse destinar parte de nuestro presupuesto (individual y de comparsa) a pagar por el tiempo que un reducido grupo de festeros dedican a organizar la fiesta todos los años. Si no lo hacemos nosotros lo acabará haciendo el Ayuntamiento (para alegría de muchos) y lo que puede verse como un ahorro tiene una cara oculta en la que puede desaparecer la influencia de los festeros en la toma de decisiones al respecto. Pactemos con el Ayuntamiento la distribución de los gastos; que la Comisión y los festeros asumamos una parte de estos gastos y que el Ayuntamiento haga lo propio, pues no en vano se trata de la Fiesta Mayor de Ibi.

Ya termino, pero no sin antes pedir disculpas por los posibles olvidos u omisiones (que seguro han sido involuntarios pero que siempre son imperdonables) y en mi descargo diré únicamente que “…es mi primera vez”. Agradezco la documentación facilitada por Castell Vermell, os recuerdo a todos que cualquier aportación será bien recibida y pido que se me mande cualquier comentario o sugerencia a la siguiente dirección de correo electrónico: basseta@gmail.com

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