1998 Crónica

Victor Hugo protagonizó una curiosa anécdota en 1862. Había escrito y publicado “Los Miserables”, desconocía cómo estaba vendiéndose la novela, así que mandó una nota a su editor, en la que escribió tan sólo un signo: “?”. Unos cuantos días más tarde, recibió una no menos ingeniosa y lacónica contestación de su editor: “!”.

Será ese el signo que definirá con claridad  absoluta nuestra edición festera. Una época en que la vida, la rutina, la cotidianeidad se suspende para que Ibi se zambulla en la bruma de sus mismos sueños. A su alrededor todo permanece igual, pero Ibi se sustrae a cuanto fue de interés días atrás. Sigue, mientras tanto, el culebrón Lewinsky, con declaraciones de la protagonista diciendo que soñaba casarse con Clinton. Otra patética historia se zanjaba con el ingreso de Barrionuevo y Vera en la prisión de Guadalajara. El PP, PSOE y EN, sacan adelante la creación de la Academia de la lengua valenciana, con el fin de elaborar la normativa lingüística a partir de las normas de Castellón de 1932. Otros titulares definen o localizan ácidamente el momento global del mundo: “La crisis política rusa y el desabastecimiento sitúa al país al borde de la rebelión” o “La bolsa de Madrd sufre la mayor caída desde 1991 y pierde un 6’28%”.

Las fiestas de Moros y Cristianos no nos hacen abandonar este controvertido mundo, pero sí que nos procura una total abstracción, aportándonos por enseña y guión una extensa, interminable y expresiva sonrisa que bien pudiera convertirse en norma para el resto del año, al fin y a la postre, como decía Alejandro Casona: “No hay ninguna cosa seria que no se pueda decir con una sonrisa”.

Todo el verano, de algún modo, está salpicado  de momentos relacionados con la Fiesta. Comparsas, cargos y Comisión intentan que todo esté preparado al llegar septiembre. El once de julio se inaugura en la Ermita San Vicente la exposición del concurso de carteles, duraría hasta el día 19 y nos revelaría como primer premio a Eduardo Gisbert de Bocairente, un artista que ya fue galardonado en el año 1987.

El 28 de agosto se realiza la presentación de la Revista de fiestas, con la asistencia del gerente de la empresa editora don Rafael Pascual, el cual dedicó elogiosas palabras a Ibi y sus fiestas. Tras las intervenciones del Presidente y mía propia, cerró el acto el señor Alcalde, el cual protagonizaba otra, no menos curiosa anécdota, ya que las campanas que anunciaban la bajada a Su trono de fiestas de la Virgen, interrumpieron sonora y estrepitosamente sus palabras. Esta coincidencia de fechas ha provocado alguna controversia que quizá, con una mínima prevención, podría evitarse.

La noche en que se realiza la presentación oficiosa del alumbrado, comienza a exteriorizarse el brotar de la alegría desde el alma ibense. Esa noche, tras una cena abierta a todo el que quiera acudir, un pasacalle lleva la música a todo el trazado que se ha cubierto con alumbrado extraordinario. Nuestra población se dispone a protagonizar la más extraordinaria explosión de alegría que es capaz de producir, y es que aquella máxima de Henri Bergson no podía ser más cierta: “Siempre que hay alegría, hay creación”.

El Castillo, mientras tanto, ya se está montando, convirtiéndose a pesar de las maltrechas maderas y su esclerótica estructura, una vez más, en el pulmón de nuestros Moros y Cristianos. Veremos cuándo le toca a nuestro cincuentenario monumento el turno de ser debidamente cauterizado. La vaquilla y los conciertos organizados por el Ayuntamiento, entre los que destacó el de Mónica Naranjo el 4 de septiembre en el Estadio Climent, contribuían a forjar el ambiente festivo.

El 2 de septiembre comienza el Novenario, con la inauguración oficial del alumbrado extraordinario, un castillo de fuegos artificiales y el correspondiente pasacalle de nuestra Unión Musical.

Ese mismo día el grupo “Ni pa hui ni pa demá”, estrenaba en el Teatro Salesiano y por tercer año consecutivo un sainete, el del presente año se titulaba. “Tinc un balcó en el Carrer Constitució”, escrito como los dos anteriores por Salvador Castelló y dirigido por Claudio Vicedo Giner. Decía el prospecto repartido: “Per qué en Ibi la gent se’n deixa tant prompte d’eixir a festes?”. El aforo del teatro se quedó corto, es tanta la expectación levantada por el éxito de los anteriores, así que la obra tuvo que ser repetida más adelante. Pasamos un buen rato regodeándonos en nuestras propias excentricidades y vanidades. Mahoma dijo: “El que hace reir a sus compañeros merece el paraíso”.

El 3 de septiembre, igualmente, a la salida del Novenario, se llevaba a efecto la presentación de una colección de obras originales de don Vicente Ferrero Molina, encargadas, financiadas y donadas a la Comisión de Fiestas por el actual presidente don Gonzalo Cortés Pérez. Representan a cada uno de los presidentes de la Comisión desde Rafael Pascual en el año 1964 hasta hoy. Junto a estas obras se colgaron también, en las paredes del Casal, una colección de fotografías de capitanes.

Dos días después, la Exaltación festera lanza a una especie de estrellato íntimo y entrañable, a todos los cargos festeros y a cada uno de los valores y componentes de nuestra ancestral cultura de los Moros y Cristianos. Se entregó los premios a los ganadores del concurso infantil de carteles, Sara Muñoz Pina de 7 años y Vanesa Vidal Cerdá de 12. También se presentaron los trajes para los Sargentos de Disparo, confeccionados por la artesana local Paqui Verdú y diseñados por María Luisa Esteve. Actuó de mantenedor don Emilio La Parra López, catedrático de la vecina Universidad de San Vicente, el cual realizó una lúcida y comprometida exposición, al respecto de la aportación en valores de nuestra Fiesta a nuestro controvertido estilo de vida que, a finales del siglo y del milenio, no puede presentar peor y más dramático palmarés de sucesos y atentados contra los derechos del ser humano.

La Unión Musical celebraba también, la efemérides de su 25 Aniversario de participación en la Exaltación festera. En aquella edición fue mantenedor don Antonio Revert Cortés, asiduo colaborador de nuestra revista aún hoy. Participó también el extinto Orfeón ibense, junto a nuestra banda dirigida por don Benedicto Ripoll Martínez, padre del actual director.

Concluyó el acto con el tradicional concierto, preparado concienzuda y minuciosamente, con piezas de distintas épocas como la marcha mora “Baix la figuera” de Camilo Pérez Monllor, datada en 1931, o “Te Deum”, marcha cristiana de verdadero impacto compuesta por Pedro Joaquín Francés Sanjuán el pasado año. También serían interpretadas las obras “Mozáraba Revert” y “Mudéjares”, sin duda como homenaje a las capitanías.

Como curiosidad ese año de 1973, se publicaba en nuestra revista un artículo titulado: “Ibi, estudio geoeconómico de un núcleo”, cuya autora fue María de los Angeles Casado Sánchez, esposa del mantenedor del presente año y muy vinculada a nuestra localidad.

El domingo, día 6, se celebra el tradicional concurso de “Guiñot i Cau”, “Chinchón” y “Dardos”. Ese domingo, quizá, ya está marcando el pórtico de la semana grande, siete días en que la emoción sigue una curva creciente y vertiginosa, todo se vuelve Fiesta, todas las conversaciones, todos los intereses sean de la índole que sean, se van a encauzar o a verse fagocitados por esa explosión progresiva de color y estímulos, capaz de asombrar y asombrarnos. Todos los medios que cubren las noticias de nuestra localidad, Radio Ibi, Tele Ibi, Escaparate, Información, Ciudad, La Verdad, El Mundo, El País, ABC, recogen, en la medida marcada por su incidencia local, el fenómeno de los Moros y Cristianos.

En esos días se analiza, se desmenuza y se difunde la Fiesta, su espíritu, su tradición, su ensalmo, su esencia, su estructura, en suma su ser y el mundo que la rodea. Así, secularmente lo hemos venido haciendo, así, sin duda, recogiendo las mayores esencias de los nuestros, prolongamos nuestra personalidad histórica, dice Vicente García Pascual, nuestro Alcalde que, junto al Presidente de la Comisión, aparece por activa o por pasiva en todas las publicaciones, hablando de la Fiesta o de la situación de la villa: “La paz social y económica ha generado un boom industrial”, o “El año pasado ha sido positivo y el futuro lo veo esperanzador”.

Todas las Abanderadas, los Capitanes, este Cronista, distintos personajes festeros, hablan sobre los Moros y Cristianos, como decía María Angeles González García, Abanderada de los Cides: “Es cuestión de sentirlo interiormente”.

Comentaristas y periodistas glosan la Fiesta, dice el artículo denominado “Ibi en pié de fiestas”, aparecido en Escaparate: “Siempre iguales. Siempre diferentes”.

Adrián Espí Valdés nos recuerda que el Castillo que Ibi estrenó en 1880,  fue pintado por el cantante y pintor alcoyano José Esteve.

En fin, los preliminares de los Moros y Cristianos, cuando aún la edición festera es bisoña y crece para ser adulta, se viven con enorme fruición. Siempre, el comienzo de cualquier cosa marca su punto álgido, se ofrece con su mayor generosidad y con su más viva esencia, porque aún nada llegó a consumarse. Simple y llanamente se lucha con ilusión por hacerlo. ¿Por qué pondrá Dios al comienzo lo mejor de toda la vida?, se preguntaba George Lloid.

Todas las noche el pueblo entero ocupa las calles, los oficios de la Novena abarrotan el templo. Son días en que el reencuentro es usual, en muchas ocasiones se trata de personas y, a veces, incluso lugares o sensaciones interrumpidas un año atrás. La sonrisa brilla fácil y probablemente más espontánea. La población, en suma, presenta su rostro festivo. Se ultiman las tribunas y el Castillo ya es punto de referencia de miradas, proyectos y expectativas. El día 9 se celebra la Verbena del fester en la Glorieta de España con cena y baile, tal cual se viene haciendo los últimos años.

La Diana parece querer consolidarse, es un bello momento de fiesta, en el que la esencia más pura de la misma, toma carta evidente de presencia. Hay sabor a tiempo a pesar de su bisoña reedición.

No termino de comprender, bien es verdad, el tratamiento de cortesía en su organización. Este es un acto de especiales características, ha de respirarse el alma de los Moros y Cristianos en todo momento, así lo exige su tradición y hasta su tipismo. Debe cautivar a los espectadores con el perfume de sus esencias. Si nos relajamos se degradará, perderá enjundia y gancho. Como espectador del acto, algo que yo propondría, es que si han de ser diez y el cabo, no pueden ser nueve ni doce, tal cosa, a mi modo de ver, no debiera ser objeto de una solución de compromiso en la Comisión de Fiestas. El horario no debe permitir ni la más mínima licencia. Quizá la publicación de un reglamento de este acto permitiría que perdurase en el tiempo. El presente año los Almogávares no desfilaron, el pasado fueron otros ¿Esa es la Diana que queremos? ¿La Diana que define el espíritu de sacrificio de nuestro censo festero?.

La gente se levantará a las siete de la mañana si es para asistir a algo de rancio carácter, con enjundia, algo que se pueda paladear y sentir. El celo y el rigor es absolutamente imprescindible, de lo contrario permítanme vaticinar un seguro fracaso en breve.

Los trajes de los Sargentos vieron la luz por vez primera en su ambiente. Recomendaría la preparación, sobre todo de algunos cabos con más voluntad que acierto, en este acto tan proclive a una representación de sabor castrense, a buscar movimientos y evoluciones, algo que los antiguos definían como “de gastadores”. La Diana si la queremos bella es una ceremonia de los sentidos: “la revista”, “la arrancá”, “el saludo”, “el armas al hombro”, etc.

 

“La imaginación es el ojo del alma”.

Josep Joubert

 

Impresionante espectáculo el vivido este año en ambas Entradas, siempre queda uno con el pensamiento de que se ha llegado al punto cenital en brillantez y espectáculo, y siempre nos quedamos asombrados al comprobar que era, simple y llanamente, una cuestión de un año.

La participación fue soberbia. Los rotativos apuntaban el segundo día de la trilogía que entre músicos, coros, boatos y festeros, habían participado cerca de 9.000 personas, 2.000 de las cuales eran festeros y festeras, 1/3 de ellos cristianos, el resto, evidentemente, moros. También se hacían eco de otro impresionante, aunque inquietante dato, la Entrada cristiana comenzó a las 11’30 horas y terminó a las 2’45, mientras que la mora duró desde las 5 hasta las 11’10.

Los Templarios lucieron tras su debut el pasado año, su primer traje especial. El nuevo Embajador, José Luis Ruano, se estrenaba con la “Entrega de llaves”.

Nutrida asistencia de ilustres visitantes: La Diputada nacional del PP, Maribel Díez de Lastra, los dirigentes socialistas Angel Franco y José Beviá, los diputados autonómicos Carmen Nácher, Rosa Mortes y Carmen Díez, el que fue Sindic de Greuges Arturo Lizón, otros varios cargos de múltiples procedencias, como es el caso de Andrés Pedreño, rector de la Universidad de Alicante, amén de alcaldes y ediles de varias poblaciones. En la tribuna de la Comisión, junto a una también nutrida representación de poblaciones y de la UNDEF, se sentaba Antonio Torreblanca, su presidente.

Ambas capitanías aportaron rigor, imaginación y espectáculo. La cristiana disponiendo apuntes cristianos y árabes, para no olvidar el carácter híbrido de su historia. En la misma carroza del Capitán figuraban, a la derecha familiares con atuendo cristiano y a la izquierda, moro. Gran presencia de la “Cruz de Peñalba”, donada por Ramiro II en el año 940 y que identifica la comunidad que hoy da nombre a la comparsa.

El moro expresaba en su boato la riqueza y diversidad cultural que caracterizaba a los Mudéjares. Minaretes, actividad palaciega, referencias gremiales, etc. En ambos casos la participación de la comparsa y de la familia en los preparativos fue verdaderamente notable. El Capitán moro estrenó en Ibi la marcha “Lawrence de Arabia”, interpretada  por la Banda de Onil, compuesta sobre la estructura de la pieza que lleva su nombre. La Verdad decía en titulares: “El Capitán moro recreó en su boato la diversidad cultural de los Mudéjares”.

La Abanderada de los Tuareg, también estrenó marcha, con su propio nombre, “Jezabel”, compuesta sobre la partitura del “Lago de los Cisnes” de Tchaikovsky, dándose la circunstancia de que la acompañaba una escuadra, en la que formaban todos los capitanes de esa comparsa hasta la fecha.

Me sigo preguntando un año más, por qué no se edita el folleto de las Entradas, especificando el nombre  de las composiciones y de las bandas que las interpretan. Si el motivo es que no se respeta en el desfile, exijamos que se haga, pero no eliminemos una información que le da al acto una importante entidad, es como si las bandas y las comparsas firmaran un protocolo de responsabilidad con el público. Por favor, no destruyamos, obviemos o soslayemos los buenos logros conseguidos.

Sea como fuere, he de puntualizar que, en su mayoría, la variedad de las interpretaciones musicales fue muy aceptable. Hubo algunas reiteraciones, como las de “Caballeros de Navarra”, “El President” o “Juanjo”, pero es inevitable, dada la magnitud de bandas participantes.

No comparto, sin embargo, el triunfalismo respecto a la cohesión de los desfiles. Las Entradas resultaron excesivamente fragmentadas, salvo el caso expreso de algunas comparsas. Volvió a patentizarse el efecto “acordeón”, esto viene dado por el exceso de relajamiento al principio y exceso de apresuramientos al final, con lo que los diferentes ritmos de una escuadra, una carroza, un ballet o un boato, hacen que se produzcan desgajamientos. Decía Epicteto: “Fue hermosa aquella frase de Agrippa: Jamás me serviré yo mismo de obstáculo”. Las cosas deben analizarse fríamente, sin vendajes, sin condicionantes, sin corporativismos, sin visceralidades. Para solucionar los problemas, sean grandes o pequeños, existe una indispensable premisa, reconocer que existen.

El segundo día de fiestas, sábado, presenta su amanecer como si se despertase de un profundo sueño. Todo ha sido demasiado rápido, en realidad todo en la Fiesta es efímero y perentorio, eso es, precisamente, una evidencia de su grandeza. Quizá haciendo caso de Goethe: “Si un arco iris durara un cuarto de hora no lo miraríamos”.

Las bandas se adueñan de la población, de su silencio, de su reverberación sorda y vibrante, espesa y plomiza, como si todo Ibi fuese un gran edificio, un templo en el que se celebran grandes solemnidades.

A las 10’15 todas las comparsas se reúnen en la Plaza de las Cortes, con el fin de acudir a la Parroquia para asistir a la Misa del Fester. Quizá habría que enviar una carta a todos los festeros, para recordarles la existencia de este acto. Todos los años el oficiante hace alguna cínica alusión a la ausencia de festeros ¿Quizá la solución sea también, como en otros casos, retrasarla? ¿Quizá eliminarla categóricamente y dejar en el guión sólo los actos que nos acomoden? En fin, si no es así, sigue siendo un acto de Fiesta y habrá que pensar algo.

A las 11’30, el Desfile Infantil, en general quizá con más nutrida participación y más cuidada puesta en escena por parte del bando cristiano, en el que destacaban los Guerreros, rememorando el treinta aniversario de la “treta dels cavallets”. Dicho esto, por supuesto, sin demérito alguno hacia el bando moro. Éste es un acto que respira frescura y simpatía. El equipo de organización de la Comisión, se lamentaba del escaso interés puesto por los mayores, para enseñar y propiciar cabos infantiles, salvo honrosas excepciones.

El Contrabando reúne, como cada año, una numerosa concurrencia, las disgresiones en el presente fueron abundantes, son un punto jocoso y dicharachero que dista mucho de restar dignidad al acto. Finalmente las dádivas y las chucherías, pequeños óbolos ansiados, vuelan por el aire entre  el apretado amasijo de jóvenes y menos jóvenes.

Este año, al comenzar el Desfile infantil algo más temprano, la visita al Asilo permitió a sus moradores comer casi a la hora de costumbre. Por la tarde, las calles se inflaman de fuego. Pólvora y humo se adueñan de la población y de las voluntades, un sueño catártico de estampidos y ecos envanecen los sentidos, reproduciendo la confrontación ancestral entre las culturas ibéricas, identificación mitificada del maniqueísmo cultural.

El aumento de participantes es apreciable. El Cop cristiano lo había sumido José María Martínez Asensio por la comparsa Cides, el cual utilizó para llevarlo a efecto, el sistema de rueda de cargadores con cuatro personas. Mientras que por el bando contrario se daba un importante hito, ya que por vez primera, una mujer ocupaba el cargo de Cop, en este caso dos, ya que fue compartido por Lorena y Beatriz Vilaplana Martínez, de 21 y 17 años respectivamente. Ambas, componentes de la comparsa Tuareg desde hace años, amén de festeras prolíficas y participativas, de las que nuestros Moros y Cristianos están necesitados, para que la igualdad de sexos sea la realidad que deseamos.

Vicente Martí Poveda por el bando moro y José Luis Ruano por el cristiano, interpretaron el papel de embajadores, ambos jóvenes y muy ilusionados, demostraron tesón y voluntad, primero para ocupar el cargo y después para representarlo, teniendo que soportar, incluso, algún que otro momento o situación escasamente respetuosa con la gratitud que la Fiesta les debe. En todo momento desempeñaron su cargo con dignidad y devoción.

Este Cronista, cuya labor en la Fiesta es dedicar horas a escribir, observar, leer y reflexionar, es evidente que no siempre ha de estar en lo cierto, pero no por ello debe callar el fruto de tales reflexiones, incluso ante la evidente posibilidad de errar a menudo. Habitualmente y parafraseando a André Maurois, las palabras acercan, los silencios destruyen. Así pues, creo que, tras varios años de relajación, a mi juicio excesivamente confiada,  en la Embajada, creo que sería necesario destinar un tiempo a pensar y hablar de ella.

Del mismo modo que no abandonaríamos algo que perturbase la adecuada puesta en escena de la Entrada o de la Procesión, por citar un ejemplo, no entiendo por qué la Embajada debe recibir un tratamiento menos escrupuloso. Me pregunto la razón de que la Embajada se considere un acto más o menos irrelevante, para los padres de la Fiesta o para sus dirigentes. Nuestro Alcalde afirmaba: “Las Entradas, las Embajadas y la Procesión son los actos que dan sentido a la Fiesta”. Comparto el aserto, es evidente, aunque yo aún voy más lejos. Si un visitante primerizo viene a Ibi el día de la Entrada y la disfruta de punta a punta, se va gratamente impresionado, pero convendremos todos en que se marcha sin saber qué son los Moros y Cristianos, qué representan, por qué se celebran, lo mismo ocurre con la Ofrenda, el Desfile Infantil y hasta con la Procesión.

Un visitante sólo entiende el sentido de los Moros y Cristianos, su espíritu, su esencia, por qué se celebran en tres días, qué representan cada uno de ellos, a quién y para qué, por qué son anuales, etc., si asiste a las Embajadas. Las Embajadas cohesionan, definen y dan sentido a los Moros y Cristianos, son su eje vertebrador, su parte dramatizada, con lo que se acercan a la gente por ser asequibles, son el corazón que irradia su sangre y su filosofía a cada uno de los actos de las tres jornadas de fiestas. Están plagadas de referencias a nuestro pasado, a nuestros mitos, a nuestra cultura, a nuestra historia, son el epicentro, pues, de la trilogía. Merecen todo nuestro cariño y un poco más si cabe, no se pueden permitir nuestra superficialidad, tenemos con ellas una responsabilidad histórica, si queremos seguir poniéndonos cada año el traje con alguna coherencia.

¿No se tomaría como una tomadura de pelo, poner en escena a un don Juan Tenorio bajito, calvo y barrigón, o a una doña Inés interpretada por una venerable ancianita? ¿Cómo tomarían asistir a una función en la que un Cid Campeador fuese bajito y excesivamente delgado? La Embajada es una dramatización, una recreación escénica que requiere una verosimilitud y con ello un perfil determinado para sus protagonistas. Hay que buscar personajes que reúnan las características de ese perfil o cuando menos que se acerquen lo máximo posible. Reflexionemos en el tipo de personaje que sería un lugarteniente elegido por el rey don Jaime I, para conminar y convencer al moro de la rendición de una plaza fortificada, reflexionemos también en el tipo de personaje elegido por los moros para que sus oponentes los supiesen fuertes, numerosos y dispuestos a morir. Reflexionemos, por último, en que los textos están escritos en verso, con lo que es una dificultad añadida que a muchos profesionales les hace estar años preparándose.

Estimo que si pedimos rigor para que el Capitán vaya con una gran dignidad, para que el cabo no baile algo parecido a una samba o que la Comisión no cierre los actos sobre un carromato, también hemos de exigir el máximo de rigor a las Embajadas, entendidas en su conjunto.

Ibi está marcado por el apelativo: “que sean jóvenes”, esto, señores, no es un valor, es un estado o una situación, pero para todo en la Fiesta hemos entrado en esa dinámica, sin plantearnos si es adecuado o no para una persona joven lo que vamos a exigir de ella. Así, en las elecciones de presidente, de furriel o de lo que sea, hemos encontrado el modo de traspasar nuestra responsabilidad, abandonarnos a la comodidad y esconder nuestra falta de ilusión, por las responsabilidades que siempre exige la Fiesta. ¿Por qué no cambiamos el apelativo por el de: “que sean los más idóneos”?

Mi antecesor en el cargo de Cronista insistía en las obligaciones protocolarias de los Embajadores, existen, es cierto, pero esto, siendo importante por formar parte de la liturgia, es lo accesorio. Las Embajadas están concebidas para ser escenificadas con determinados parámetros, que de ese modo, encuentran su sentido y acomodo en el resto de la trilogía. Por otra parte, su coreografía necesita que, sin variar lo sustancial, siga el mismo ritmo ascendente que el resto de los actos.

No deben interpretar los dos jóvenes embajadores un tono de reproche hacia ellos, no es mi intención, nada tiene que ver con la voluntad y celo puesto en el desempeño de su cargo, me consta que fue irreprochable. Este comentario podría haber surgido otro año, lo estoy haciendo éste y es una coincidencia nada más. Ellos merecen nuestro reconocimiento sin paliativos. Me estoy dirigiendo a los responsables festeros, les propongo reunirse a hablar de temas festeros que no sean los de dinero, al menos no tan sólo esos como hasta la fecha. Hemos reducido las conversaciones al simple y descarnado aspecto material y lo demás vamos dándole pases naturales o carpetazos concluyentes. Si se debe tomar decisiones, ahí va la frase de George Lloid: “Lo peor que puede hacerse es cruzar un precipicio en dos saltos”.

La Ofrenda de flores congrega nuevamente a toda la población encintando el itinerario. El Monumento se había limpiado por fin y la cantidad de flores superior a la de cualquier año, evidentemente la participación en la Fiesta y por ende, en este acto, había crecido.

Decía Helvetius que sólo se vive el tiempo en que se ama. La Ofrenda de flores es una inmensa conversación de amor que nuestra población tiene con su Patrona, utilizando este vegetal código. El color, la tersura y la frescura de tanto pequeño reventón de vida a los pies de la Patrona, inunda de sugerencias el espíritu de todos cuantos la contemplamos al finalizar el acto. Finalmente una bien perfilada maraña de cromatismo y texturas, apoya el monumento que está representando, a quien le hacemos toda esta función.

El tercer día de fiestas es el que Ibi le dedica a la Patrona. La población se inflama de pólvora desde la mañana a la noche, se encierra en el sacrificio del fuego, es como si celebráramos una ceremonia ritual hasta la hora en que la Virgen sale a visitarnos, de ese modo Ella trae nuevamente la paz, la cotidianeidad y la concordia. Toda una simbología. Ojalá que fuese tal cual y que tal efecto perdurase en el tiempo.

Siguiendo la norma del primer día, la Guerrilla se lleva a cabo con mucha lentitud, se consume más tiempo que nunca hasta su conclusión ante el Castillo y por consiguiente, el consumo de pólvora fue superior para todos los participantes. Sugiero a los Sargentos y Delegados que vigilen más atentamente la carga de los tiradores, es fácil sucumbir a la tentación del “escopetazo”, y casi siempre suelen ser los más noveles o los tiradores ocasionales, con el consiguiente despilfarro de pólvora sin quemar que queda por los suelos, para significar un innecesario peligro. Existen cuatro personajes que pueden hacer alarde en el disparo, ambos capitanes y ambos cops, los demás, como es sabido, sólo pueden efectuar una carga por disparo.

El moro traidor del presente año fue Angel Cáceres, capitán de esta comparsa en el año 1996. Parece ser que esta peña de festeros denominada “El Botijo” tras varios años organizando el acto quieren el presente despedirse. Si el motivo es porque existen otros grupos interesados en sucederles es lícito y hasta recomendable, en caso contrario es una verdadera lástima, ya que todos los años se superan a sí mismos y se han convertido en un gran momento de nuestras fiestas. De cualquier modo mis felicitaciones y reconocimiento. Permítanme reproducir una estrofa referida a nuestro Castillo que, ojalá no sirva de despedida:

“Tots els taulons es menechen

els tornillos tots rovellats

i mes brut que el rabo del cavall

que porten els Contrabandistes

cuan en el Contrabando están”

Hermosos instantes los vividos en la Misa Mayor, en la que la Coral de Nuestra Señora de la Esperanza de Crevillente, interpretaba la Misa Criolla, con un, por fin, abarrotado templo.

Un Alardo lleno de espectacularidad culminaba los tres actos de disparo de nuestra trilogía. La rueda de disparo funcionó a la perfección, capitanes y cops aportaron  virtuosismo y entrega. El Capitán moro Enrique Montesinos, aún con su cara tiznada, me refería que ser Capitán era una de las cosas más grandes que había vivido y que, el disparo, por sí solo, ya merecía todo el trabajo y el sacrifico que fuese necesario, lo había vivido como una extraordinaria experiencia. Finalmente, he de decir, aunque seguramente no será nada nuevo, que las batallas en Ibi son uno de los momentos más notables de los Moros y Cristianos.

La Embajada cristiana marca el final de la parte épica, se cierra el capítulo de la representación escénica. La bandera cristiana ondea nuevamente en el torreón más alto, es una simbología de afirmación comunitaria con un estilo de vida y determinados compromisos con nuestra cultura. Esa bandera representa una sinergia de todos los ciudadanos en un sentido de convención espiritual y objetivos compartidos. Representa eso, distinto es que nos sintamos comprometidos e implicados. En fin, eso ya es otro cantar.

La Fiesta exige entonces un voto de reencuentro a sus celebrantes, una reafirmación que marque indeclinable e irremisiblemente la continuidad del rito, es la Vuelta al Castillo, sonrisas y lágrimas se mezclan de una forma tierna y a la vez espumosa. Decía Concepción Arenas: “El llanto es a veces el modo de expresar las cosas que no pueden decirse con palabras”. Los Moros y Cristianos se clavan tan intensamente en el pecho, que se prodigan los momentos en que las palabras no afloran, entre otras cosas porque, quizá, el vocabulario no es tan extenso como para definir la amplitud de los sentimientos.

Dos comparsas no presentaron abanderada para el año próximo, Chumberos y Mozárabes, aunque ésta última la encontraría posteriormente y vendría a cumplir su compromiso, tras los fuegos artificiales.

La Virgen de los Desamparados cierra las fiestas, su aparición es esperada por todos, su veneración es enorme en nuestra localidad. El hermanamiento y el sentimiento de patria chica brota a borbotones, mientras el pueblo entero se apretuja a su paso o la acompaña en los últimos metros de su trayecto.

La Fiesta la despide en la Plaza de la Iglesia, con palabras que suenan por megafonía, invocadoras de un futuro mejor y más acorde hacia el reencuentro con el amor fraternal que parece renacer ese día:

“Haz, Señora, que se acalle el estrépito de las armas y la guerra, y que sólo suene el constante trajinar de los talleres y las fábricas. Cambia los mortíferos ingenios que destruyen y aniquilan, por las artes inocentes de la infancia; el llanto en risa alegre; y el odio, ira y rencor, por el amor que de Ti viene”.

El templo a rebosar observa cómo, lentamente, la imagen ocupa nuevamente el Altar. Después el castillo de fuegos artificiales pone el punto final a la edición de 1998. Por primera vez tras muchos años, el Himno o Marcha Real, solamente sonaría al elevar la bandera el día del Pregón y con la Virgen este último día. Abanderadas y Capitanes tuvieron que variar ese ancestral protocolo, por sones menos venerables y más festeros, hubo quien optó por el pasodoble, otros por una marcha o por un himno. Eso sí música tuvieron, no faltaría más.

Las fiestas fueron extraordinarias como cada año, de ello se hicieron eco todos los medios informativos que cité anteriormente, los titulares eran expresivos y elocuentes:

“Explosión de color”. “Tan efímeras y tan densas”. “Las Fiestas de septiembre inundan la calle, llenan el espacio con su música, embriagan el aire con el estruendo de la pólvora y proclaman la evocación de su tradición más señera”. “El Presidente de la Comisión de Fiestas destaca el aumento del censo festero”. “Ibi cierra hoy unas fiestas marcadas por la alta participación”.

Sin embargo y con  toda seguridad, el titular que más nos impactó al concluir nuestras fiestas, fue el que ocupaba las primeras páginas de todos los periódicos nacionales el día 17 de septiembre, aunque no hacía alusión a nuestras fiestas: “Tregua indefinida de la Banda terrorista ETA”.

Ésta era una buena noticia, habrá sido una gran noticia, inmejorable, si es que finalmente se consuma. Como bien dijo nuestro mantenedor, este siglo no ha salido bien parado de ningún inventario de valores humanos. La Fiesta aporta un camino, un talante y una base espiritual que, en sí, sería suficiente para que una comunidad, tuviese un punto de partida en la edificación de su código ético y su escala de valores.

Hagamos buena aquella frase de Donoso Cortés: “Hay que unirse no para estar juntos, sino para hacer algo juntos”. Probablemente así, este siglo que entrará en breve sea mejor que éste, con el que el milenio también cierra sus puertas, si es que, finalmente, esas cosas que podemos hacer todos juntos, las acometemos teniendo en cuenta la experiencia que nos dieron los errores cometidos, en una centuria que, en gran parte, sólo vale la pena historiar para que no la repitamos.

Que los Moros y Cristianos sean esa cometa de colores a cuya cola nos aferremos todos, para volar hacia una sociedad en que la vida y la valoración de todas sus expresiones y posibilidades, sea nuestro único objetivo. Felicidades por nuestras hermosas fiestas.

 

JOSE MARÍA RAMÍREZ MELLADO

Cronista Oficial de Fiesta de Moros y Cristianos.

 

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