Maseros

Al plantearse la inminente desaparición de las ancestrales Comparsas Ibenses, un grupo de jóvenes pretende, en primer lugar revitalizar la Comparsa de los “Escoceses”, pero finalmente lo que llevan a cabo, es la fundación de la Comparsa los “Maseros” en 1929, adaptando los tradicionales atuendos huertanos de la vega valenciana. El traje data de 1972. El Capitán D. Antonio Sanchos renueva la primera Bandera en 1940, siendo llevada por su hija Dª. Otilia Sanchos, en el desempeño de su cargo como Abanderada. Ya en el año 1990 se bendice la sexta y actual bandera, siendo donantes Dª Maria Brotóns Verdú y D. Adolfo Mira Carbonell, “Tío Cagamistos”. Nombre este ultimo ligado al acto que singulariza esta Comparsa: “La Entrada del Contrabando”, celebrado junto a la Comparsa “Contrabandistas” durante la mañana del segundo día de Fiestas. Esta Comparsa a gala haber sido la primera en Ibi, en sacar desfilando una escuadra de mujeres en el año 1930.

 

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En la “Relación del viaje hecho por Felipe II en 1585 a Zaragoza, Barcelona y Valencia”, escrito por Henrique Cock, notario apostólico y archivero de la guardia del cuerpo real, el rey tiene ocasión de contemplar cómo, súbditos de cada una de las poblaciones visitadas, hacen fiestas en su honor del modo como habitualmente las celebran, a fin de agasajarlo.

En las páginas dedicadas a los orígenes de la Fiesta que publicaré próximamente, me detengo concretamente en el episodio que se refiere a Tortosa, viernes, veinte de diciembre, cuando describe en primer lugar un desfile de las cofradías de la localidad, en el que todos los oficios mechánicos sacaron danças despues de comer, junto a las puertas de palaçio, para que las viesen las damas. A cada lado de palaçio estaba hecho un tablado en que estaban cada dia músicos, á manera de Barcelona, que tocaban á los dançantes con un atamborcillo y flauta y otros instrumentos viles con buen acuerdo, y tenían muy bien el número de los pies: la confradía de los Labradores, que paresçe la más principal de toda la ciudad, sacaron una casa verde entretexida con ramos que llevaron a las espaldas.

Después, al día siguiente, día de San Tomé apóstol: Estaba hecha una torre de tablados y madera frontera en la ribera del Ebro, pintada en derredor, y para ganar y defender ésta salían dos cuadrillas de ciudadanos. Los moros la defendían y los cristianos la tenían çercada por mar y por tierra… …Por la tarde fue destruida la torre y vencidos los moros…

Tal libro está cargado de referencias muy interesantes, que creo ayudarían a mucho erudito a verificar de dónde viene, quién nos la legó o qué es nuestra Fiesta.

En la “Vida y Hechos de Estebanillo González, hombre de buen humor”, que ve la luz en Amberes el año 1646, se describe otra fiesta situada en la cercanía de Zaragoza, puede que incluso la misma. Dice así:

Hacíase por este tiempo en una aldea cercana a esta ciudad una fiesta a devoción de un mártir de aquel reino, a cuya fama acudía mucha gente de toda la comarca… …hallamos en la plaza dos compañías de labradores, la una de moros con ballestas de bodoques, otra de cristianos con bocas de fuego…

Si se quiere, esta descripción puede encontrarse más anecdótica, menos precisa en cuanto a la concreta referencia de “labradores”, un tanto coyuntural, pero la primera sí refiere claramente una agrupación de determinadas gentes procedentes del ámbito agrario, las cuales se unen a fin de participar en un festejo, en el que otras gentes de otras procedencias gremiales, también se agrupan para ofrecer espectáculos concretos en cada caso, concurriendo todas ellas a su vez en una fiesta conjunta, y, en este caso, para después llevar a efecto una representación bélica entre moros y cristianos. Hay pues, un día destinado a desfile y otro para la batalla.

Los Maseros abren nuestra mente a perfume de espliego y azahar. Decana de los cristianos en nuestra localidad. Íntima y profundamente entroncada, transcendiendo la representación más folklórica de nuestra Fiesta, con su misma historia, en la que no ingresa sino que la construye, participa de su nacimiento aterciopelado a lo largo de siglos, con su amanecer prendido de las gotas salinas de la frente del campo. Su esencia de flores silvestres perfuma nuestra Fiesta y, sin duda, la hace verosímil.

El Masero hace clara referencia a una comparsa de oriundos. Valencia jamás tuvo ejército propio, para cada guerra o cada conflicto se reclutaban soldados entre las gentes del pueblo, entre sus labradores, sus artesanos, sus comerciantes. Esta práctica, con el tiempo, habría de reglamentarse, creándose verdaderas milicias articuladas y estructuradas por localidades, como lo demuestra el “Exército de Voluntarios Honrados” instaurado en 1794. Cuando las comparsas asumen sus personalidades, tengan un origen gremial o mitológico, sin duda, Los Maseros, vienen a representar a las gentes de la tierra, las que defienden sus tradiciones, su suelo, su casa, es por eso, seguramente, que es rara la población donde no es una de las más populares.

De hecho, el Contrabando, en el siglo pasado, se celebra en muchas poblaciones entre Contrabandistas y Somatenes, estos últimos, los originales claro, fueron un cuerpo de civiles con cierto grado de militarización, los cuales intervenían cuando era requerida su participación. En su día existió en varias poblaciones esta comparsa, Alcoy y Boacairente por ejemplo, al desaparecer, los Maseros, de similares connotaciones, toman el relevo y adoptan su papel en el Contrabando.

Adolf Salvá dice: “Algunas poblaciones tenen, a mes dels Moros i Cristians, Ambaixades de Contrabandistes, com Alcoi on representen a les sis del matí del dia 24 de abril, les filades d’Andalusos i Somatens, el Contrabando, acte xoco-serio”.

En Cocentaina los Contrabandistas se ofrecen a luchar contra el moro, así como en Villajoyosa. El Contrabando de Bocairente, sin embargo, carece del componente de comicidad.

Los Maseros de Ibi nacen en 1928, en pleno declive de las comparsas que habían iniciado el siglo, por aquello, probablemente, de los designios o mejor de los caminos emprendidos allende la Canal alcoyana. Aquella ciudad grande, ligada a nuestra historia, hermana a veces, otras enemiga, hasta que Ibi consigue su mayoría de edad, estaban abandonando el estilo ancestral de sus trajes para, según ellos, introducir rigor en la Fiesta (entonces fiestas). En ese momento, en aras de ese pretendido rigor, adaptaban todos los trajes de sus “filaes” a otros de corte medieval. Los ibense con nuestras fiestas relativamente diminutas, nos mirábamos desafortunadamente en ese espejo, mientras veíamos languidecer nuestras comparsas hasta límites agónicos.

Los emprendedores de la nueva comparsa, primero intentaron revitalizar la extinta “Escoceses”, pero finalmente optaron por fundar una distinta, así nacen Los Maseros, lamentablemente sólo se conservan unos pocos nombres de aquellos fundadores:

Rafael Vilaplana (Rafelo dels Camionets), Demetrio Verdú (Camals), José Gisbert (El Sabaté), Carlos Valls Verdú (Mellat), Isidro Sanjuán Verdú (El Forné), Salvador Pascual García (Carrasco), Gaspar Valls Picó (Gasparo), Salvador Pérez García (Bota), Vicente Seguí Moya, José Picó y Juan Bornay Miró (Samanet).

El traje adoptado en principio, es primorosamente descrito por Manuel Monleón Guillem en la revista de fiestas de 1990, dice así: El traje dejó de ser la falda escocesa de la antigua comparsa para ser el típico traje de valenciano, “Saragüells”, también denominados “camalets”, que son los pantalones anchos que llegan hasta media pantorrilla, muy plisados (esta pieza tiene ascendencia morisca), camisa blanca con unos pliegues en el pecho, abierta hasta la mitad de éste, chaleco o “jopetí”, que es una pieza sin mangas que llega hasta la cintura, puede llevar solapas o cuello girado, es del siglo XVI. La “faixa” es una tira de algodón o de lana de más de dos metros de larga, con la que se aguanta “els saragüells” o “calçons”, acaba con unos flecos en los extremos, puede ser de colores diversos, en el primer traje era roja. La “faixa” ya la llevaban los campesinos en los siglos XIV o XV. “Calçes” podían ser de algodón o de hilo, igualmente blancos. El uso popular de esta pieza sólo era en invierno para mudar. “Espardenyes”, son siempre de esparto, aunque en ocasiones se combinan con tela en la cara y talonera. La manta, tejida a rallas de colores y cosidos los extremos en forma de bolso, muy similar a “les alforges”, esta pieza también la utilizaban los campesinos de los siglos XIV y XV, pero eran más sencillas, de color blanco y en forma de saco.

La comparsa vivió, por supuesto, la crisis del año de la Coronación en 1931, con ese rifirafe, más propio de una película de Pepe Isbert, que dio al traste con la celebración magnificente que había dispuesta, junto a las otras tres existentes: Guerreros, Argelianos y Chumberos. Hay que hacer notar la esporádica, aunque fugaz, brillante aparición de los Contrabandistas.

En 1930 aparece en nuestras fiestas locales, la primera escuadra de mujeres, se trata de una escuadra de valencianas que hace su “Passeig” entre las filas de los Maseros. Se conservan sus nombres:

Cabo, con la típica “forca”, Elena Verdú García (Camala). Escuadra: Teresa Ferri Valls (Chona), Carolina Rico Pina (de la Plasa dels bous), María Gisbert Verdú (Lleguma), Carmen Domenech Jover (Casimira), Julia Torró Verdú (de Román), María Verdú García (Camaleta), Esmeralda Beltrá Pérez (de Cándido), Rosario Picó Sanjuán (del Forn), María Coloma García (Collera), y Visitación Saenz Lobera. Posteriormente en 1935 y 1940, anterior y posterior a la contienda, durante la que no se celebraron fiestas, también salieron escuadras femeninas en los Maseros.

En la década de los 40, una vez concluida esa locura en la que nos enzarzamos los españoles, el traje pasa a ser de color verde, con chaleco bordado, pañuelo en el cuello y en la cabeza “rodino” de ala ancha y capa tronco-cónica. Este traje se estrenó en 1945. En ese mismo año la comparsa instala un zoco en el portal de la calle José Antonio, 26, siendo una de las que promovieron el uso del mismo. Ese año fueron capitanes con Manuel Gallego. En el reglamento que se instaura en 1946, firma el Delegado de la Comparsa, Vicente Esteve.

Era típico de los Maseros llevar un escapulario de la Virgen de los Desamparados colgado en el pecho. La bandera de los Maseros fue siempre con fondo blanco o azul celeste, incorporando la imagen de la Virgen y el escudo de Ibi. De la primera que se confeccionó no conozco datos, sólo que fue renovada en 1940 a cargo del Capitán de ese año Antonio Sanchis (Fuso), y que su hija Otilia fue la primera en llevarla a sus hombros. Entre los recuerdos entrañables, de ese año difícil en que la Fiesta despertaba tras el cruento letargo, se cita la anécdota de que este Capitán salió el día de l’Avís, acompañado tan sólo del tío Luis “el carreter” y el tío “Pep Colau”.

Existe una fotografía en la colección Samper, en la que aparece representado, en el año 1950, una pareja de capitanes saliendo de la Iglesia el día de l’Avís, probablemente tras la Misa, para devolver la imagen “pequeña” al Asilo, ya que ésta aparece tras ellos. Él lleva un atuendo evidentemente de Masero y se trata de Vicente Seguí Ferre, un niño de trece años que ostentaba aquella capitanía. Ignoro si el año será correcto, sea como fuere será, sin duda, el más joven capitán que jamás haya salido en Ibi.

En 1951 sale otra escuadra de valencianas, compuesta de doce, aparentemente, jóvenes labradoras y su cabo con un bastón o “gaiato”, y con el siguiente texto al pie de la misma:
“Grupo de agraciadas señoritas componentes de la comparsa Labradores (Maseros)”.

En el capítulo anterior, en el que recogía la trayectoria de la Comparsa Argelianos, reproducía unos simpáticos “aleluyas”, referidos a tal comparsa, las hay de todas las que entonces existían, en aquellas fechas eran muy usuales. Pero si hay alguna comparsa que tal costumbre prácticamente es norma, no sólo en Ibi sino allá donde existe, esa son los Maseros, en este caso el autor es J.García, lo cual no excluye que existan otros no recogidos por mí con otros autores. Los que reproduzco aquí están transcritos de trabajos de Antonio Anguiz:

Siga més negra o més parda
en hivern o estiu,
el llauraó sempre diu:
“Menja cuan vol, el que guarda”,
per aixó ell mos recorda,
més que li coste la pell
que la gramática dell
¡Es la gramática parda!
Orelles fà el llauraó
al nou plà de desarrollo,
no siga que a lo pitjó
el fiquen en algún bollo.
Li té igual, col que repollo,
en el gust no el difierencia,
nomes demana, als que manen
¡Que tinguen consecuencia!
(No tiene título ni autor)

UN MASERO EN MINIATURA
A mí me han criat en l’horta
entre çebes i carxofes,
melocotons i bachoques,
de lo millor que huí es porta.
El meu nom, així no importa:
¿En saberlo esta empenyat?
Si pregunta qui els monyos pentina,
li dira “Paquito Pina”
desde que era bat
chat.
Al vorem tan xicotet
dirán alguns ¡Ché quin nano!
Be pues, qu’el Maseret,
té també tan cheniet
com s’agüelo Gayetano.
Y com estic anterat
qu’els moros volen guanyar
porte molt bon “boltat”
per rómperlos el cap,
antes que intenten entrar.
J.García

VACHA UNA FESTETA
Digüen que soc xicoteta
que li semble a San Miquel
deixeume la llengua queta
perque la “Valensianeta”,
no ia qui li prenga el pel.
Com tenim tanta ilusió,
porte a gust trache de l’horta;
Ibi, en gran satisfacció
em vorà en la procesó,
cuan tots en creíen morta
H’arribat ya el dia Teu,
la veritat que no enganya,
diga el poble en alta veu,
¡Viva la Mare de Deu!
¡Viva Franco!¡Arriba España!
J.García

ELS MASEROS ALS MARROCS
¿Alardeches de valent
Moro de Barba postisa?
Durás llenya a calen
i així anirás aprenent,
lo que pot una palisa:
Sense dubte san pensat
perque porten el trabuc
que mos han acovardat,
vos farem trossos el cap,
si li peguem al aixut.
Y clavam la ma en la faixa
a hón per costum portem
el mocaó y la navaixa,
un viache a la part baixa…
Requis cantimpase , amen.
Portem la seba, aspinac,
querailla, moniato,
la pebrera y el bon nap
i pa rómprelos el cap
a eixos Marrocs, el gaiato.
Guerra pues al del turbán;
guerra sense compasió,
forses no mos faltarán,
i estos Maseros sabrán
donarlos huí una llisó.
Al Africa, tornareu,
i si no sou embusteros
a Mahoma li direu
defenet IBI la creu
no hi ha que vensa als Maseros.
J.García

En el año 1956, año del 25 aniversario de la Coronación Canónica, las capitanías correspondían a Argelianos y Contrabandistas, por los primeros fue Capitán Julio Peydró Gisbert (Juliet el obrer). Los Contrabandistas no tenían Capitán, Vicente Pina Jover (tío Mansem), componente de los Maseros, por la amistad que le profesaba al capitán argeliano, decide acompañarlo asumiendo la capitanía de los Contrabandistas, pero su hija Milagros Pina fue Abanderada de los Maseros, estrenando, por cierto, nueva bandera donada por su padre.

Toda la Fiesta en general está pasando nuevos años de crisis, sin embargo, ese año de celebración mariana, debió esta comparsa de llevar a cabo un desfile de gran brillantes, dice el cronista: “Los Maseros no quedaban atrás, formidables escuadras llevaban el rítmico compás de alegres pasodobles, también desfilaron otras de pequeños, que comenzaban su entrene; gran número de cabalgaduras, ricamente enjaezadas llevaban parejas de labradores, que contagiaban al público su alegría y optimismo”

El año siguiente los Maseros acometen nueva Capitanía, asume la misma Tomás Gisbert Miró. Presentan tres escuadras especiales y la “típica”, como insisten en denominar a la que lleva el traje oficial los distintos cronistas que, aunque, escasamente, nos cuentan algo de las fiestas en esos años; aparte las escuadras infantiles.

En 1959, recapitulo con un curioso comentario: “les seguían los Maseros con gran número de jóvenes y la plana mayor jugando su partida de costumbre”.

La primera puntualización nos indica que debió tener incorporaciones recientes de jóvenes componentes, y la segunda, se aclara un poco con lo leído en el año 1960 de las revistas de fiestas, referente a la Entrada ese año: “Dio comienzo con la mayor puntualidad con la salida de la carroza del Capitán Cristiano, de la Comparsa Maseros, don Salvador Pascual García, al que rodeaba la corte formada por sus nietos; seguía una carroza con los Maseros más veteranos, ensibismados – (¿?) – en una de sus típicas partidas de cartas; luego otro antiguo, Sr.Ortega, conduciendo un arado; tras ellos trece grupas ricamente enjaezadas y en la que destacaban la sonrisa y hermosura de las valencianas; escuadra de niños y dos típicas de diez”. Eso de “ensibismados”, imagino que ensimismados, y lo de “antiguo”, tiene su salsa.

La década de los sesenta es de pujanza para La Fiesta, la nueva comisión de fiestas gestiona más y mejor nuestros Moros y Cristianos. En 1964 se publica un nuevo reglamento, lo firma por esta comparsa José Picó Martínez.

El siguiente año se vuelve a renovar el traje, calzones y chaqueta color beig, sustituyéndose para disparar esta última prenda por un chaleco de piel. También se cambia la bandera, por iniciativa de la directiva que preside Rafael Climent Gisbert, financiada por suscripción de toda la comparsa, actuando de Madrina Teresa Gómez Serra.

El último cambio de traje se lleva a efecto el año 1972: Pantalón ajustado de pana negra y chaqueta de la misma tela, camisa con puntilla a ambos lados de la botonera, también en la empuñadura. Faja verde, con un recinto que lleva el escudo de Ibi, alpargatas blancas con cintas verdes, lazo-corbata rojo y, por supuesto, la manta.

En ese año de 1971, ostenta la Capitanía un significado festero, Antonio Anguiz Pajarón, padre de nuestra historia local, de hecho, a pesar de la emoción sin límites que puede producir tal cargo, nos dice que, habiendo hecho el desfile al comenzar la Entrada, ha tenido tiempo de confeccionar una completa estadística de todos los que salieron en la parada. Tras varios años de sequía en datos concretos sobre la Fiesta en sí, éste nos queda como una verdadera joya, hasta tal punto que he considerado reproducirlo en cada comparsa, a fin de contar con una documentación precisa respecto de la dimensión real de aquellas fiestas:

Capitán y palafranero: 2 hombres, 1 caballo.
10 parejas a la grupa: 20 hombres, 10 mujeres, 10 caballos.
Escuadra de valencianas: 12 mujeres.
Cabo de batidores: 1 hombre, 1 caballo.
Escuadra especial: 12 hombres.
Carroza con el Embajador y peques: 2 hombres, 22 niños.
Banda de música de Llanera
Escuadra especial de pastores: 12 hombres
Escuadra traje típico: 12 hombres
Banda de música de Beniarrés
Carroza de la Abanderada y peques: 1 hombre, 1 mujer, 15 niños.
En total desfilaron en esta comparsa capitana: 66 hombres, 23 mujeres, 37 niños, 17 caballos, 2 carrozas y 2 bandas.

El año 1975 es de especial significación para mí, ostenta el cargo de Capitán un buen amigo, Francisco Bernabeu, no puedo decir que sea el más joven, porque ya he referido que hubo uno con trece años, pero sí, seguramente, uno de los más jóvenes, puesto que con veintipocos abriles y acompañado de su hermana, unos años más joven que él, y a caballo, entró en la historia de nuestra Fiesta local, justo el mismo año en que los Moros y Cristianos eran un hervidero de novedades, que habrían de catapultarla hacia cotas que eran impensables apenas unos años antes, entre las cuales estaba el soliloquio en valenciano de la Embajada cristiana, que tuve yo el honor de decir por vez primera, al tiempo que también me estrenaba como Embajador.

El año siguiente, ya instaurados los premios de la Comisión de Fiestas y el de la Caja de Ahorros de Alicante y Murcia, que valoran distintos aspectos de la edición anual, los Maseros obtienen el más prestigioso de ellos, el que los distingue como mejor comparsa del bando.

Ese año ven la luz los estatutos de la nueva asociación independiente que se crea con el nombre de Comisión de Fiestas de Moros y Cristianos, colaborando en la ponencia redactora Ernesto Coloma Rico. El domicio social que viene indicado en el libro que publica tales estatutos es El Ravalet, 15.

El día de Santa Lucía de 1977 se celebra en Ibi el VII Centenario de la muerte de Jaime I. Actuó de mantenedor el Cronista oficial entonces, Carlos Cremades Marco, hoy desgraciadamente carecemos de tal cargo, como una muestra más del abandono intelectual que sufre nuestra población. Durante el acto se le entrega al que fue Capitán de esta comparsa y festero en activo, Antonio Anguiz Pajarón, el pergamino que lo acreditaba como Cronista Honorario de la villa.

El en el siguiente año, se celebra el cincuentenario de la fundación de la comparsa, también se bendice una quinta bandera, de la que son padrinos Miguel Valls Román y su esposa María Teresa Gómez Serra, donada por José Pastor Guillem y su esposa Milagros Picó Juán, que ostentaba el cargo de Abanderada.

El acto central de esta efemérides tuvo lugar en el Teatro Salesiano, iniciándose con unas palabras del repetidamente nombrado Antonio Anguiz, verdadero baluarte intelectual de esta comparsa. Recibiendo seguidamente, así como el Presidente de la Comisión y los festeros más antiguos, unos pergaminos que los acreditaban como Maseros de Honor. La velada como todo en esta Fiesta, concluyó con música, un concierto de la Unión Musical.

En los años 1979 y 1980 vuelven a obtener el premio a la mejor comparsa del bando cristiano.

En el año 1981, debido a la erección del trono especial levantando para los actos de la efemérides del 250 Aniversario de la Venida de la Virgen y 50 de su Coronación Canónica, el cual hubo de colocarse delante del castillo y a pocos metros, la Entrada del Contrabando tuvo que celebrarse en su parte posterior.

En las fiestas de 1984, un precioso cartel representaba a las fiestas de Ibi con una imagen del Capitán Masero José Peiró Rico, tras él nuestro recién estrenado Monumento a la Fiesta y Santa Lucía, la ermita que descansa sobre los cimientos de nuestro castillo medieval. Ese año y el de 1986, vuelven a obtener el galardón a la mejor comparsa del bando.

Pero sigamos hablando del año 1984, volvían a ostentar Capitanía, su protagonista fue otro Capitán que causaría profunda huella, Enrique Abad Domenech, hijo del músico, masero y excapitán Enrique Abad Vilaplana. Por su profunda humanidad y porque según Benedicto Ripoll: “es donava la circumstáncia tal volta única en la história de que un capellá fora capitá”.

El “mestre de la música”, compondría como regalo hacia él, un pasodoble que habría de popularizarse extraordinariamente y que llenaría de aire de Mariola nuestras calles. En su presentación del día 5 de mayo, en el Centro Cultural de la villa, el director mencionado haría esta matización de su obra “Mossén Abad el Masero”:

“Igual que per fer un ram de flors, peró de flors de la nostra terra; es cullen unes rametes de romer, de timó, d’ametller, d’argelata i altres plantes senzilles peró molt nostres, es nuguen totes en un cordellet i ja está fet el ram.

Puix igual es fa un pas doble folkloric, unint un poquet de les Danses, el Trompot, qualsevol altre tema local i algo de folklor llevantí es fa eixe pas doble que com un ram els oferim ¿I que fa l’autor? Puix simplement lligar el cordellet”.

En el año 1986, recién nombrada la Comisión de Fiestas, con la polémica de la segregación de la Entrada en el candelero y la protesta por la acumulación de actos en la trilogía, se traslada la Embajada del Contrabando a la mañana del viernes, tras el Desfile Infantil igualmente trasladado, las comparsas organizadoras no harían la representación en protesta por ello. La interrupción, en esta ocasión, sólo duraría un año, el mencionado, ya que el 1987, a pesar de que momentáneamente se mantuvo tal horario, se celebró nuevamente.

Había un aspecto poco desarrollado en nuestra normativa estatutaria, se trata del que se refiere a los festeros de honor: “La Comisión podrá premiar méritos relevantes otorgando a personas individuales el título de Asociado de Honor”.

Durante el año 1987 se decidió desarrollar tal institución, que pretende señalar a los mejores, y lo hizo señalando a dos festeros fuera de serie, ambos maseros, reproduzco parte de los textos propuestos:

“Esta Comisión ha querido avivar esta distinción contemplada en sus ordenanzas, y así en la Junta de Gobierno celebrada el pasado 14 de noviembre, propuso el nombramiento de Festero de Honor a don Cipriano Adolfo Mira Carbonell, entre otros méritos por el de ser uno de los artífices de la Entrada del Contrabando, por sus cumplidas bodas de oro en la Fiesta, por su carácter y pureza festera. La propuesta se centró en el aspecto más conocido de don Adolfo, “El Contrabando”, y decía entre otras cosas: este acto se revitalizó hasta límites poco conocidos, por su atracción ante un público que vibraba con sus gracias y salero al decir el texto. Su donaire personal, su capacidad para meterse en el personaje, su forma desenfadada y cordial para replicar espontáneamente a su contrincante contrabandista, le llevó a obtener el apodo que desde entonces lleva consigo con orgullo, y esto viene dado porque al preguntar el tío “Cuco” – ¿Y quién eres tú? – él con toda gracia y un poco de apresuramiento contestó – ¡Yo soc el tío Cagamistos! -“.

El otro festero distinguido fue Antonio Anguiz Pajarón: “Festero hasta la médula, como no podría ser menos en su acendrada ibensía, fue siempre ejemplo de festeros mientras la edad le permitió vestir anualmente su traje de Masero, siendo además impulsor de actos, organizador y hasta Capitán”.

“Cronista de la villa, Presidente de la Sección de Historia del hoy adormecido Centro de Estudios ibenses, coleccionista de todo cuando nos habla de nuestro pueblo, ha dedicado siempre un especial cariño a todo lo relacionado con nuestra más acendrada tradición y una firme devoción a la Patrona”.

El galardón, sustanciado en unos cuadros con sus correspondientes pergaminos les fueron entregados en el Acto de Reconocimiento de Cargos Festeros, que en adelante serían el marco en el que se harían estas distinciones.

Por cierto que el año siguiente, cuando nos visita durante las fiestas el Rvd.Cardenal Vicente Enrique y Tarancón, el masero y excapitán Enrique Abad Domenech, comparte cátedra con él los días de Novena, en concreto éste lo haría el 7 y el 11, mientras que el Cardenal lo haría 11 y 15.

Un año más tarde, además, este prolífico masero, sería mantenedor de la Exaltación festera, naturalmente en sus palabras ha de referirse necesariamente a la comparsa que lleva en el corazón:

“Todos (los Maseros), formamos como una especie de carga de pólvora que grano a grano desde la individualidad y anonimato se fue acumulando en la recámara del trabuco para que con la chispa del pistón de la ilusión, produjese una explosión, una salva de tres días en honor de la Mare de Deu”.

En 1987 es cuando sale en el Desfile Infantil aquella recordada cigüeña, cuyos brazos de color enlazaban a los recién nacidos de miembros de la comparsa. Aquello fue una especie de explosión, cuya simpatía habría de alargarse prácticamente una década de ingenio, volcado hacia tal desfile.

Existe otra importante faceta protagonizada por miembros de esta comparsa y concretamente por una familia, que vindica y se perfuma con una especial vinculación a la Patrona. Tradicionalmente, la organización de la Procesión, encuentra el auxilio de determinados festeros que se sienten implicados en este cometido, pero hay algunos casos que tal auxilio ha trascendido y se ha convertido en una verdadera tradición, es el caso que nos ocupa.

José Martínez Monllor, el “home del gran gaiato davant de la Mare de Deu”, se convirtió en figura omnipresente y casi mítica de nuestra Fiesta, cabo de escuadra incombustible, recibía su título de Festero de Honor en año 1989, se trataba ya del tercer galardonado en esta comparsa. Sin duda la Virgen sonreía complacida y con una mueca cómplice tal nombramiento, debía estar esperándolo para llevárselo, porque el siguiente año fallecía. En esa última procesión había cumplido su cometido, señalando a ligeros golpes de su “gaiato” el camino a seguir, los desplazamientos, cuándo debía parar o cuándo andar. Vestido de Masero, revestido de una hermosa dignidad de hombre de fe y de Fiesta, hasta su muerte estuvo ante la Virgen. Su hijo, Juan José Martínez Valls, también masero como todos sus hermanos, tomaría el ilustre testigo.

Existe otra misión que merece idéntico reconocimiento, pareja en su responsabilidad, sólo que en esta ocasión, este hombre, también masero, jamás está a la vista, permanece oculto bajo el trono de la Virgen. Su función en la operativa de tal trono, es también determinante, se trata de José Brotóns Verdú, el popular y querido “Gasolina”, el cual recibe otro apelativo otorgado cariñosamente por las gentes de Ibi, como un homenaje entrañable a su labor: “el xófer de la Mare de Deu”.

En los últimos años, los Maseros han asumido otra tarea también relacionada con la Patrona, autoimpuesta e igualmente dignificante, auxiliar a las Camareras de la Virgen en la recogida y colocación de los ramos en la Ofrenda de Flores, en los anaqueles metálicos a los pies del Monumento.

En el año 1990, Francisco Mira Brotons, el “fill del tío Cagamistos”, era Capitán. Toda una institución festera, éste último contaba anécdotas de la época en que él ingresó en la Fiesta, se mataba un cordero el primer día de la trilogía en el zoco de toda la vida, situado en el “Carrer de l’Ermita”, ya que la “barraca”, entonces, también era tarea suya, y hasta tres músicos pernoctaban en su casa cuando los miembros de las bandas dormían en el domicilio de los festeros.

Durante más de veinte años había estado escenificando el tío “Cagamistos” la Embajada del Contrabando, su estilo y su voz peculiar, su ya mencionada frase. “Jo soc el tío Cagamistos, borinot”, sin duda se escriben en oro en las páginas de nuestra más añeja historia.

Este acto, hoy en día, perfectamente entroncado en nuestro guión de actos, cuyo texto reproduciré aparte, fue introducido en Ibi por la Comparsa Contrabandistas, aunque los más viejos nos cuentan que pudo haber sido celebrado en el siglo pasado, con textos distintos evidentemente, entonces, entre quizá, Escoceses y Romanos, o bien con los Marinos, presentes en nuestra localidad en las últimas décadas del siglo XIX.

Sea como fuere, durante los años de postguerra, tuvo una celebración muy irregular, no por falta de voluntad, sino porque, llegado el momento, no se podía preparar en propiedad. Hasta el punto que nuestro Cronista, Antonio Anguiz, muy enfadado, recomendaba su eliminación del guión, afortunadamente no prosperó la propuesta. Muchos maseros pasaron por la torre a lo largo de estos años, el tío Samanet, Juan Soto, Manuel Gallego, etc., pero sin lugar a dudas, su consolidación y definitiva popularización, vino de la mano de este festero proverbial, al que hace dos años sustituía su nieto, Carlos Mira Pina, el cual consumaba la sucesión arropado por un cariño tangible de todo el pueblo, que escuchaba con verdadero placer cómo sonaba al aire: “Jo soc el net del tío Cagamistos, so borinot”.

El texto actual es original de Herminio Calatayud pero, precisamente, la transgresión es consustancial a su interpretación, hacerlas en su momento y en su justa medida, es lo que da entidad a este acto.

Pero sigamos con el relato de aquella capitanía, el 10 de septiembre se presenta la marcha “Cagamistos Capitá”, también con aires locales y apropiada para la marcha de esta comparsa, fue compuesta por el genial compositor José Pérez Vilaplana e interpretada por la Unión Musical de Cocentaina.

En cuanto a los días de la trilogía, el Capitán acompañado por su esposa, su ilustre padre y su hijo, y más atrás por su hija como Abanderada, hizo una explosiva aparición sobre un hermoso carro enjaezado, como dije entonces, con referencias a la tierra, las pupilas, el olfato y el oído de todos, aromas encontrados de los que se vio plagada toda la comparsa, y que revelaron un conjunto de gran belleza.

En este mismo año, tras sucesivas propuestas de este Cronista, por fin, se vuelven a nombrar Sargentos de Disparo, uno por bando, aún habría desarrollarse mucho tal cargo en el futuro próximo pero, sea como fuere, el primero en el bando cristiano, fue otro masero, también mencionado: José Nicolás Martínez Valls. También merece destacarse que, en esta edición, es cuando aparecen por vez primera tres escuadras femeninas, con nuevo traje oficial, en el seno de esta comparsa. Precisamente por ello, aún hoy, a pesar de la poca estabilidad en la afiliación oficial femenina, es una de las comparsas que mantiene un mayor porcentaje en sus filas.

En l’Avís del siguiente año, se dio el hito de que una masera, María Seco, ganaba el Concurso de Cabos, con la especial y sorpresiva, para muchos, circunstancia de que en el otro bando ocurría lo mismo con una festera de la comparsa Tuareg.

Dos años seguidos recibirían los Maseros la Escarapela de mejor cabo, aunque en 1992 fue un hombre, excelente cabo que también se lo estaba mereciendo desde hacia tiempo, Francisco Crespo.

En la Crónica de ese año, hablando del Desfile Infantil, se transcribía el siguiente comentario: Como Siempre los Maseros, estrujaron su cerebro para ofrecer un singular espectáculo, en esta ocasión con reminiscencias falleras. Tal parece como si hubieran querido realizar un homenaje a los fuegos de artificio, las barras y la huerta, con la que les une, cuando menos, el sesgo de sus atuendos.

Efectivamente, como ya apuntaba al comentar en desfile de 1987, ésta es una comparsa en la que se acoge a un numerosa “prole” infantil, para sus escenificaciones en cada Desfile Infantil, José Brotons Verdú, Jesús Reig y otros componentes, preparaban con cariño y mimo las apariciones de sus infantes, un año una “foraca”, otro un “emparrado”, otro una improvisada escuela, otro se escenificaba una conocida “rondalla”. En fin, el público esperaba ansioso el resultado del ingenio de esta comparsa.

Durante esta década, se convierte en una de las comparsas más numerosas, se ha popularizado hasta límites extraordinarios, habida cuenta que en la década anterior, cansados de reunir a duras penas cuatro o cinco decenas, adoptaron una serie de medidas, principalmente destinadas a captar a los más jóvenes, las cuales, evidentemente, dieron su fruto.

Junto a “Paco el del carro”, en 1992, los Maseros aportan un nuevo Festero de Honor, el mencionado “Pep Gasolina”, como figura en la revista de fiesta, en la cual se omitió su nombre real: José Brotons Verdú. Además de su labor en el Desfile Infantil y en múltiples facetas, tanto en comparsa como en Comisión, por supuesto se valoraba la ocupación referida junto a la Virgen que desempeña desde 1956.

Menudo susto en 1993, con la Abanderada Laura Pastor Picó, la cual presentaba dos hermosas carrozas tiradas por caballos, con largas hileras de maseros y maseras, con grandes callados coronados por frutos de la tierra. Pues bien, a punto de salir, la primera de ellas se quebraba con el tirón de las monturas. Los nervios aparecieron, pero finalmente, por esos duendes que azuzan el ingenio de los festeros cuando mayor es el compromiso, todo pudo concluir felizmente.

Un nuevo masero entra en la selecta nómina de los Festeros de Honor, Enrique Abad Vilaplana, como dijo la revista entonces: Enrique Abad Vilaplana es uno de esos festeros que enriquecen nuestro patrimonio cultural y lo engalanan a lo largo de toda una vida.

La comparsa Maseros, cambia su sede social desde el Ravalet, donde la tuvo muchos años, a la calle Miguel de Cervantes, en unos bajos que fueron cedidos para tal fin. El acto tuvo lugar el 25 de junio de 1994, con asistencia del Alcalde y autoridades festeras, fue bendecido por Luis Peris, director del Colegio Salesiano, cortándose la cinta por el último Capitán, Enrique Abad Vilaplana, tras lo cual se ofreció un vino de honor.

Ante la ausencia de Abanderada ese año, un séquito de abanderadas de esta comparsa, la acompañarían precediéndola, la bandera fue portada por una masera y bajo un dosel de tela.

Ese año, se disfrutaba uno de esos montajes escénicos en el Desfile Infantil. Se trataba de un aula festiva, simpática y espaciosa, en la que participaba cada pequeño con un cartel que contenía una letra, formando entre todos ellos la frase: “Els xiquets maseros vos desitgen bones festes”.

En el año 1995, los Maseros atraviesan por una situación relativamente complicada, ya que ante la ausencia de Capitán, el Presidente dio la Vuelta al Castillo. Digo complicada, porque el mundo de la Fiesta se convulsionó, habida cuenta que la misma situación tenían sus oponentes en el otro bando, los Chumberos.

Tras algunas reuniones posteriores, a fin de decidir quién llevaba la preciosa vara, por fin, se encontró Capitán en el mes de noviembre, una escuadra de amigos aúna esfuerzos para que uno de ellos ostente el cargo: Juan Carlos Mira.

Les daría tiempo para, en la Creuá, aún no celebrada en esa reunión, un componente aportara un castillo en miniatura, a fin de que con altas dosis de buen humor, el futuro Capitán procediese al ritual de darle la vuelta.

Juan Carlos Mira, desfiló a pie, con su caballo orlado, como único signo de distinción, vértice de una pirámide formada por sus veinte amigos, todos ellos partícipes de la Capitanía, llevando la espalda guardada por una escuadra, con un grupo de trajes armonizados entre sí. Formaban un conjunto escénico totalmente homogeneizado, propósito incuestionable del que pensó este boato.

Maseros y Capitán, decía en ni crónica, se fundieron en un abrazo de Fiesta, un cuerpo múltiple de infinitos lazos de colores vivos, magníficamente cerrados por el cortejo de la Abanderada.

Ese año fallece José Peiró Rico, el que fuese capitán también, gran festero, recordemos aquella carroza simulando un jardín iluminado con un arco iris de flores al fondo, que obtuvo el primer premio. Cuando jugaba con su probable y aún no consumada candidatura a la Capitanía, se corrió la voz de que le apodaban “El Faro”, aunque nadie lo identificaba. Existe una anécdota que contribuye a mantener nuestro recuerdo, “Pep” lució el día de l’Avís un bordado en su chaleco que causó verdadera sensación, hasta el punto que se habló con la bordadora de San Vicente y, en septiembre del siguiente año, todas las chaquetas de la comparsa lucían idéntico bordado que, de este modo, quedaba incorporado al traje oficial.

Tras las fiestas, el día de la “Creuá”, 9 de noviembre, la comparsa distinguía al tío Carlos, Carlos Gómez López, como Masero de Honor. Había pertenecido a los Maseros más de cincuenta años, aunque quizá, como si lo hubiese sabido la “parca”, apenas pudo disfrutar de tal reconocimiento, casi con el traje puesto, fallecía poco después, hasta el último año vistió su traje en cada edición.

El último día del mes de agosto de 1997, esta comparsa, decana del bando, siguiendo la estela dejada el anterior año por los Tuareg, inauguraba en el “Carreró de les Ánimes”, a las 19’30 horas, su nuevo local social, esta vez para un periodo de 25 años, con la participación del Alcalde, Presidente de la Comisión, Abanderada y Presidente de la comparsa, amenizado todo ello por la Banda de Luchente y efectuando la bendición, cómo no, Enrique Abad Domenech.

Ese año los Maseros desfilaban con nueve escuadras de hombres masculinas con 103 hombres, una femenica con catorce mujeres, 38 personas de boato, total 155 participantes con 7 bandas y 4 caballos.

Esta es una comparsa presidida por el buen humor, siempre dispuesta a la colaboración y empeñados en ingresar en el milenio próximo, para perpetuar así sus más de setenta años de existencia.

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