Guerreros

Con idea de festejar a la Virgen en el II Centenario de su llegada a Ibi, se fundan los “Cristianos de Nuestra Señora de los Desamparados”, futuros “Guerreros”, con 33 miembros iniciales.

Su primer atuendo era una túnica granate y una capa azul con casco y apliques metálicos, realizando su primera aparición publica en l´Avis del 10 de mayo de 1931. Su primera Abanderada fue Dª. Luisa Candela Mira. Existiendo aun el cargo de Cantinera, que recayó en Dª. Rosa Candela Mira y Dª. Josefina García Esteve. El local social de ese primer año estuvo ubicado en el Bar Clásico, propiedad de D. José García Torres. Su primer Capitán, dos años después, con tan solo cuatro Comparsas, dos moras y dos cristianas, fue D. José Verdú Torró.

 

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Corre el año 1930, existe un ambiente propicio hacia todo lo relacionado con los Moros y Cristianos, el pueblo está inmerso en los preparativos o, cuando menos, en la expectativa de una importante efemérides que se cumplía en el siguiente año, el segundo centenario de la llegada de la Virgen de los Desamparados, acontecimiento que pretendidamente debería motivar que se alcanzase el grado superlativo de conjunción con la Patrona, mediante unas fiestas extraordinarias de Moros y Cristianos, las cuales iban a substanciar la máxima expresión de la exaltación mariana de un pueblo. La realidad, es sabido, iba a ser radicalmente distinta. Los políticos nacionales actuaban como si no supiesen qué pueblo se trataba de gobernar, facilitando la acción y la interacción de los grupos más reaccionarios, mientras las gentes en los pueblos, desconcertados, a menudo interpretaban las informaciones que les llegaban, tremendista y caóticamente.

España se quebraba irremisiblemente. Nuestros abuelos contagiados por todo ello, como era de esperar, dieron al traste con la mencionada celebración burda, innecesaria y patéticamente.

Escoceses, Garibaldinos y Romanos habían desaparecido. Sólo una comparsa representa el bando cristiano, los Maseros, mientras que en el bando moro Chumberos y Argelianos se han consolidado y su filas ya están relativamente nutridas, considerando el tiempo y el tamaño del Ibi de entonces.

Un pensamiento, un deseo, una incógnita, un propósito, o quizá todo ello, encarnaría, inducido por los jóvenes José Verdú Torró, José Pérez Bernabeu, José Alcaraz Brotons y Fernando García Esteve, cada vez en mayor número de otros jóvenes. Se echaba de menos una comparsa que respondiese a la imagen épica medieval del cristiano, intrínsecamente esculpida en nuestro patrimonio secular, en nuestros estereotipos míticos, una imagen, un tanto eufemísticamente entendida como “guerrero”, en su acepción de adalid de la cruz. Una comparsa, en fin, que representara a los luchadores por la fe, protectores de la vocación mariana y en contra del adversario moro. Ya he referido el criterio medievalizante generado y generalizado en nuestro vecino Alcoy e inseminado entre nuestros inquietos y bulliciosos abuelos.

Se adopta como centro social el Bar Clásico, propiedad del padre de uno de los mencionados jóvenes, José García Torres. Tal iniciativa recibiría el soporte en total de treinta y tres futuros festeros, una cantidad nada desdeñable y hasta sorpresiva.

Siguiendo esos ideales enunciados, el nombre que en principio se decide es. “Cristianos de Nuestra Señora de los Desamparados”, tal nombre cumple, además de una misión aglutinadora para determinado grupo de gente, que coincide en su propósito de integración en la Fiesta, con una acepción escatológica, algo que casi estaba demandando una militancia, un talante, al que necesariamente había que suscribirse.

La bandera, una obra maestra decían los fundadores, fue el trabajo de una religiosa franciscana, hija del recordado maestro Tomás Picó Alcaraz, la cual se encontraba un tanto accidentalmente en el Asilo San Joaquín, ya que el convento donde residía había sido quemado, algo trágicamente usual en aquella época. Igualmente se confeccionó un banderín para Sargento, cargo asumido por José Alcaraz Brotons, el cual ya lo era en la extinta Romanos y que asumiría hasta 1949. La bandera llevaba el nombre y una Virgen de los Desamparados pintada.

El traje adoptado fue el siguiente. Túnica de terciopelo granate con una cruz blanca y un fleco dorado en mangas y bajos de la falda. En el pecho una cruz de Malta. Capa azul corta forrada de color marfil. En cuanto a correajes, cinto estrecho con un tirante cruzado, después cinto ancho con dos tirantes cruzados y adornos de clavos. Casco de metal niquelado con penacho de plumas y visera labrada, collarín de metal y brazaletes. Sandalias con correas cruzadas hasta las rodillas. Escudo de metal ligeramente ovalado con una cruz blanca. Este traje sería oficial hasta el año 1959.

La primera aparición fue en l’Avís de 1931, concretamente era el día 10 de mayo, si bien es verdad que aún no estaban confeccionados todos los trajes y sólo pudo desfilar una escuadra. Los nombres de sus integrantes son los siguientes: José Verdú Torró, José Pérez Bernabeu, José Moltó, José Sanchís, Isidro Lloret, Vicente Verdú Navarro, Antonio Pina, Ismael Tortosa, José Roque, Victoriano Sabater, Eulogio José Vicedo, Manuel Sanjuán, José Tortosa, Carlos Peydró Guillem y Fernando García Esteve.

El sueño se vendría a materializar completamente el día 11 de septiembre, en la Entrada, cuando desfilarían treinta y dos “Cristianos de la Virgen de los Desamparados”. La Abanderada, primera en la comparsa pues, fue Luisa Candela Mira. Hubo dos cantineras: Rosa Candela Mira y Josefina García Esteve.

Se ha dicho que el cargo de cantinera dio paso al de Abanderada en algún momento de principios de siglo, aunque tenemos pocas o ninguna referencia que avale este hecho. Estimo que siempre fueron distintos, el cargo de cantinera paulatinamente desaparecería y lo que sí fue objeto de tránsito, es que en el siglo pasado debió existir un Abanderado por bando, cargo que sería asumido ocasionalmente por una mujer y que a nuestros abuelos, tal circunstancia debió complacerles mucho. Durante esos años, no existía ninguna continuidad en ese cargo, repetían Abanderadas, en muchas ocasiones no las habían, lo más usual era que existiese una sola Abanderada en el bando, probablemente hubo Abanderada que lo fue en distintas comparsas, al igual que ocurría cuando faltaba Capitán, era frecuente que un componente de una comparsa asumiese el cargo en otra.

Ya se ha comentado, y con más detalle en el anterior libro, la frustración que supuso para las fiestas, la negativa a que se realizara al aire libre la Coronación Pontificia, para colmo en el siguiente año, a pesar de haber conseguido el Patronazgo de la Virgen de los Desamparados, con lo que nuestros Moros y Cristianos pasaban a ser fiestas patronales, no se celebraron. En el año 1933 sí lo hicieron, pero se observa, como era de esperar, una caída general del censo festero. La comparsa trasladó ese año su sede al “Bar de Victoriano”.

A pesar de sus escasos cuatro años de participación hasta la interrupción de la guerra civil, los Guerreros asumen en dos ocasiones la Capitanía, por evidente limitación en el número de comparsas. Era muy distinta la concepción de tal cargo en aquella época como era de imaginar, no existiendo, ni mínimamente, ninguna de las exigencias ornamentales que, hoy en día, habida cuenta su progresión, pudiese imaginarse. El primer Capitán fue José Verdú Torró y el segundo Bautista Brotons Verdú ya en 1935, el cual, por cierto, fue el año del debut del conocido Embajador Fidel Sanjuán Pastor, “tío Fideli”. Ya sería el último capitán cristiano antes de la mencionado paréntesis bélico. Se dice que los dos cargadores, miembros ambos de la comparsa, así como los dos músicos que como Capitán le correspondían, compartieron la mesa con los restantes miembros de la familia todos los días de la trilogía. Para la época hecho extraordinario. Aquel Capitán apodado el “tío Batiste polido”, antiguo miembro de los Garibaldinos, fue hombre humano y de personalidad recia.

La reanudación repetidamente referida de las Fiestas devino, evidentemente, en una difícil edición, de claridad diáfana para las páginas de nuestra historia, pero imagino lleno de incógnitas y sombras para los ibenses que salían del horror, sólo contó con la representación de tres o cuatro miembros de esta comparsa, a la que le faltaba uno de sus fundadores, José García Torres, ejecutado en la carretera de Sax a Onil.

Pero, en fin, como no hay mal que cien años dure, las heridas aunque lentamente, comenzaron a suturarse. La fiesta eran sin duda un motivo de aglutinamiento, aunque ya se ha dicho que en aquellos primeros años estuvo un tanto monopolizada por las clases más afines al régimen. De cualquier modo, en 1946, se firma un nuevo reglamento por parte de un representante de cada comparsa, por parte de ésta lo hace José Pastor.

Diez años permaneció en el cargo el Presidente José Pérez Bernabeu, al que seguiría otros tantos Fernando García Esteve. Junto a sus respectivas directivas, trabajaron denodadamente para superar todas las adversidades, llegando a ser 40 miembros entre festeros y protectores. Son años de frecuentes altas y bajas. Se dotó de armamento a la escuadra que representaba a la comparsa. Se adquirieron trajes nuevos. Por cierto, los Guerreros se jactan de ser los iniciadores de las escuadras especiales en el bando. La comparsa en esa época se desplaza a otras localidades a desfilar: La Sarga, Gorga, etc.

Anécdotas se podrían contar por millares, Fernando García recuerda con cariño “els trosets de tonya, rollets d’aguardent, mantecaos d’almerla i la copeta d’anís de la tía Daniela”, que hicieron las delicias de todos durante la Capitanía de José Sanjuán Bernabeu en 1943.

Y también recuerda con idéntico cariño, otra fiesta culinaria, en la Capitanía de Carlos Vilaplana Gil (Corneta), en 1946, en la que se celebra la Nit d l’Olla o “Soparet” entonces, en la calle San Agustín, 2 (hoy Paca Guillem), sirviéndose “bon llegumet i botifarretes i alguns trosets de cerdo”. La experiencia, irrepetible, sin embargo, fue de consecuencias verdaderamente demenciales para la comparsa, en cuanto a estabilidad digestiva, cercenándose drásticamente la posibilidad de compañías de ninguna clase.

Ese año, a pesar de la Capitanía, no tan ponderada como en la actualidad, bien es verdad, y con menor transcendencia a nivel popular, hubo de reclutarse gente para completar, cuando menos, la escuadra oficial. Aparece en la revista de fiestas un artículo dedicado a la comparsa que tiene todo el sabor de esa épica nacional-sindicalista de la época:

¡Los Guerreros!… La “filá” de los Guerreros se acerca. Su vestimenta medieval trae estampada, como blasón invencible, sobre el pecho la Cruz Redentora por la que lucharon aquellos valerosos cruzados alma de la raza y llevan es su espíritu la fe que movió a sus antepasados.

No importa su número. Solamente doce apóstoles escogió nuestro Salvador u la obra por ellos realizada está en pie y pujante de frutos.

Estos Guerreros cruzados de nuestra fiesta, como aquellos a quienes rememoran, están prontos a defender la fe y la tradición heredadas, en bien de su Patria y de su Dios.
GUERREROS CRISTIANOS: Por Ibi y por Dios ¡VIVA NOSTRA FESTA!.

Obsérvese claramente la preocupación latente por el escaso número de afiliados conque debe contar la comparsa, por otro lado, existe una especie de asimilación clara de que se está luchando por un ideal superior, una militancia casi divina, al participar y por ende, mantener, el nombre de la comparsa en pie.

En 1948 vuelve a aparecer otro artículo con parecido talante. Aunque la guerra europea ha concluido y el régimen se planteaba una dulcificación de la retórica y la semántica sensacionalista y adoctrinadora, es evidente de que el probable cambio aún no alcanzaba las poblaciones:

“Han pasado los siglos, y por recordar estas hazañas lejanas, en estas fiestas, los Guerreros, como sus antepasados, desfilan poniendo esa nota de alegría y color en estos días de septiembre marciales y arrogantes.

… Con nuestras capas flotando al viento
y nuestros cascos luciendo al sol…

Como dice la estrofa de nuestro himno, ya que se saben bajo la protección de nuestra Virgen de los Desamparados, con la Cruz en el pecho y en el corazón y esas son armas que hacen invencible en la lucha contra los moros y contra la vida, a la comparsa Guerreros”

El perfume alcanforado de la época se percibe en estas líneas, era ésta una Fiesta que nacía al amparo y al abrigo de una realidad y una sociedad determinada. Hay que destacar como se evidencia en los escritos reproducidos que, a la comparsa, se la conoce ya como Cristianos o Guerreros de la Virgen de los Desamparados, nombre que, durante esa década, devendría en Guerreros a secas, como se la conoce hoy.

La filosofía enunciada de esa comparsa y que he apuntado brevemente con anterioridad, así como su mismo nombre no son únicos en el ámbito, de hecho en la vecina Alcoy, a la que nuestros abuelos miraban tanto, cuentan con una comparsa Guerreros que debió desaparecer en 1848, también cuentan con otras de talante o filosofía similar al referido, como Caballeros Cristianos desaparecida en 1862 o Escuadrón de San Jorge igualmente desaparecida en 1923.

De hecho si repasamos el elenco de “filaes” desaparecidas en la vecina Alcoy, encontramos casi todas las comparsas de la época: Capas Coloradas, que se distinguen de la Lana, porque aquella lleva capa y esta otra manta, en Ibi teníamos Moros de la Capa y Moros de la Manta. Antigua Inglesa o Escoceses, desaparecida en 1864, Garibaldinos que existió entre 1878 y 1886, Marinos de Colón desaparecidos en 1891, mientras que en Ibi aparecía en 1880 y por último Romanos, que en Alcoy llegó a tener cuatro “filadas” distintas que desaparecieron en la época que va desde 1878 a 1886. No era extraño el contenido de ese comentario, en cuanto a que existían cuatro comparsas con el mismo nombre, era frecuente y se distinguían por el orden que guardaban en las distintas funciones de la Fiesta. Otro caso curioso era la Lana, de la que habían ocho: Primera de Lana, Segunda, y así sucesivamente hasta ocho, a cada una se le atribuía un apodo que es, entre las que han subsistido el nombre conque ahora se las denomina. Por ejemplo, la Primera de Lana era Domingo Miques, la tercera era Chano, la cuarta Cordón.

El anterior comentario no está hecho con intencionalidad alguna, es natural que nuestros abuelos mirasen de vez en cuando al vecino grande y les llamasen la atención sus fiestas, de dimensiones considerables ya en entonces. Alcoy es el que introduce el criterio de medievalizar las comparsas, algo que, de algún modo, contravenía en parte la misma esencia de la Fiesta, ocultando de quien de dónde y cómo nacieron las distintas comparsas y reconduciendo toda ella hacia el aspecto de representación de la misma, en detrimento de la evidenciación de su génesis.

Al comenzar la década de los cincuenta, se traslada la sede social al Bar Ricardo y se produce el relevo mencionado de presidentes, nombrándose al cesante Presidente Honorario. Falleció también el carismático Sargento de tantos años: José Alcaraz.

Pero démosle un cumplido repaso a los “aleluyas” que conservo de esta comparsa, cargadas de color y recuerdos para muchos:

EL QUE NO VULLGA POLS QUE NO VACHA A LA ERA
Mare de Deu dels Desamparats, Bonica
que has fet, que tas adormit
que has Argelians mos han entrat
per la Foya a poqueta nit.
Tots el anys per este temps
mos donem que fé els moros,
per els han de escarmentar de una
para que no mos tiren mes pacos.
Pero a la comparsa dels cascos d’aser
no se li arrufará el melic
perque en la primera emvestida
els farem pagar el delit.
Per el carré San Roc, abaixa
la comparsa motorisà
y a ca arcabusá que tiren
caurà un Chumbero o un Argeliá.
Tots els Moracos de Africa
que en el desert menchen cus-cus,
els donarem a tastà els dátils
que tira el nostre arcabús.
Y voran que cusquelletes
que senten per el seu cos
com si fora una sangonera
traénli la sang del cor.
Y en la reserva tindrém
a la Comparsa d’els Maseros
que atacará en la retaguardia
defensan als seus compayeros.
Y en la primera ascaramusa
que en Santa Llusia tinguem,
en faran caure una bona solá
y als prisioners els amarrarem.
Per si dalt d’almerle niá alguns
farem una bona rebuscà,
y como al tort de dalt la percha
li farem caure la bacà:
No crega Muley Veri de Argelia
que per Alá, la má els alsem,
que en els bancals de Juan Pablo
els colgarem, a conte de fem.
Fidel Sanjuán

ELS GUERREROS DE LA VERCHE DELS DESAMPARATS
De Claudio Reig y Company
es surtirán es Festers;
y es gastarán molts diners
el més agost en tot el any.
Bona pólvora te engüany,
y asaltaran la muralla,
el que compra una medalla
o rellonchet de pulsera,
qu’els té fijos, de primera
para güanyar la batalla.
Voran als valens dels Desamparats
com entren desenfrenats
contra eixos Moros Chumberos;
perque luchen com a fieros
i güanyaràn a despech,
¿Saben perqué aixina em vech?
Per comprar un despertador
que es el rellonche millor
que despacha Claudio Reig.
J.García

En 1954 se ha referido una curiosa anécdota protagonizada por esta comparsa, que tuvo mucho que ver con la misma continuación de la Fiesta. Correspondía dar la Vuelta al castillo a Guerreros y Piratas, nadie se hizo cargo de tomar el precioso compromiso. Antonio Requena Carrión, a la sazón Sargento, dio la vuelta en representación de la misma.

Refiere Fernando García Esteve, a quien esta comparsa debe su historia, ya que desde sus inicios se dedicó con cariño a recopilarla, que, en aquellas depauperadas fiestas, era muy usual la ausencia de capitanes y no digamos de abanderadas. El caso es que el Día del Descanso, 12 de septiembre de 1954, en la tertulia que se formó en el Casino Primitivo, a media tarde, fundamentalmente a instancias del cura José Giner Bartolí, se requieren voluntarios para el cargo. Finalmente se presentan José Sanjuán Verdú, Fernando García Esteve y Alfredo Barrachina Belda, con el compromiso de compartirlo a razón de un día cada uno.

Se pide al Alcalde, Raimundo Payá Rico y a la junta de fiestas, facultad para dar esa tarde la vuelta preceptiva. De ahí el famoso desfile, en el que marchaba José Giner con su arcabuz al hombro, con los tres futuros capitanes disparando al tiempo y con Rosa Alcaraz Hernández como futura Abanderada. El último de los mencionados, Alfredo Barrachina, vería truncado su proyecto al fallecer su padre, aunque contribuyó económicamente a que los otros dos cumplimentasen el compromiso adquirido.

A partir de ese momento comenzó una progresiva mejoría en las fiestas que, en la comparsa, se tradujo en muchas incorporaciones. En aquella época se instala el zoco en la Mediavuelta para ya no dejarlo más que en alguna esporádica ocasión, y nuevo cambio de sede a la calle José Antonio, 1.

En las fiestas de 1955, una escuadra de chicas con idéntico atuendo al de la comparsa, participa en la Batalla de Confetti y Serpentinas, lamentablemente desaparecida de nuestro guión.

La Crónica del año siguiente, hace una puntualización referida a la comparsa: “Los Guerreros, soldados siempre de infantería, aprovecharon la ocasión para presentar llamativas y forzudas escuadras, ya que la mayoría de los trajes les encuadran”. Es evidente, la profusión de escuadras especiales, que queda manifiesta en el siguiente año, del que sabemos que llevaba cuatro y tan sólo una con traje oficial. Los Guerreros, entonces son la más numerosa de las comparsas.

Sin embargo, al finalizar la década, los números son distintos, en 1960 sacan una carroza de niños, una sola escuadra especial y dos oficiales con nueve componentes cada una, exactamente lo mismo que en 1961. El 26 de mayo de este año fallece José Pérez Bernabeu, a quien se le reconoce como Guerrero número uno y artífice de esta comparsa, el cual como recordaremos, había sido nombrado en su día Presidente Honorario.

En 1960 se cambia el traje inicial de la comparsa: Túnica de terciopelo verde con la cruz de Santiago en rojo en el pecho y flecos dorados en las mangas y bajos de la túnica, cenefa dorada al cuello y falda. Capa de raso rojo corta. Correajes en cinto de color gris con bolsa cogida al cinto y cruz de Santiago roja en el centro, ribeteando el cinto y en la bolsa una cenefa roja y verde. Capucha de raso blanca, mallas de tela gris plata. Botas altas grises con ribetes en rojo y la cruz de Santiago del mismo color. Este traje sería oficial hasta 1969.

En total 33 componentes serían los que confeccionarían su nuevo traje. En 1961 nuevo traslado de sede, esta vez a la Plaza de los Mártires (la Palla), número 4. Los Contrabandistas ocupaban el bajo y los Guerreros la primera planta. En el siguiente año, bendición de una nueva bandera, cuyos padrinos fueron Rafael Pascual y su esposa Concepción Torres. Dice el cronista que la bendición se llevó a efecto en un simpático acto al que fueron invitados autoridades y comparsa.

En la población se celebran elecciones “escalonadas”, por usar el curioso término que leo procedente de la época. Esto eran elecciones corporativas, con la correspondiente renovación parcial de los concejales. Son tres los tercios por los que se eligen: Cabezas de familia, Entidades culturales y Tercio Sindical. Por éste último sería elegido Rafael Pascual Valls, miembro de esta comparsa, y que tendría una destacada intervención en la vida de nuestras fiestas locales, puesto que sustituido Raimundo Payá Rico por Francisco Guillem Gómez, éste encarga a Rafael Pascual que desarrolle y potencie la estructuración de las fiestas. Se nombran así, distintos encargados de área y se da un impulso definitivo a nuestros Moros y Cristianos. Téngase en cuenta que aún, la delegación de fiestas se ocupa de todas las de la localidad. Figuran también en esta comisión encargada de organizar los festejos, otro guerrero: Emilio Mariel Picó como Secretario, también figuraba Juan José Guillem Vicedo como tesorero, Antonio Anguiz como Cronista y nueve vocales, más los presidentes de las peñas y clubes locales.

Fernando García Esteve sería el firmante por parte de los Guerreros del Reglamento que se publica el día de El Salvador de 1964. Un reglamento que estructura y catapulta la Fiesta, y cuyo máximo artífice había sido el nuevo Presidente. El cargo de Embajador moro lo sigue desempeñando el mítico Emilio Mariel Rodriguez, el cual habría, no obstante, de abandonarlo unos años.

En fin, tal Reglamento fue distribuido en la Asamblea del Fester que se institucionalizó en ese mencionado día de El Salvador, celebrada en el cine Río, con Misa, almorsaret y desfile hasta el Ayuntamiento, acompañados por la banda local. Intervino el Secretario de la Asociación de San Jorge, José Luis Mansanet, que cerró el acto mencionado.

Se instaura una cena de cierre de ejercicio con esposa o acompañante, aquel primer año se celebró en el “huerto de la Casa Gran”.

En el siguiente año se suscita un problema de sede, debiendo nuevamente compartirla con los Contrabandistas en la calle Amado Brotons, pero en 1966, con la obra y decoración el “Forn dels Quatre Cantons”, se vería dotada la comparsa establemente de local social. Se denominaría “Mesón del Guerrero”, consolidándose el ritmo ascendente de la comparsa.

El casi legendario Alcalde de Fiestas, Ismael Pascual Sanjuán, miembro de esta comparsa, también recibía el título de Alcalde honorífico de fiestas, al realizar la trasmisión de la presidencia de la comisión en el año 1967 a José María Cantos Charcos, aunque éste, finalmente, seguiría contando con el mismo Alcalde de fiestas. El día 7 de octubre siguiente, la comisión de fiestas homenajea a Rafael Pascual Valls por “la gran labor por él realizada en pro de nuestras fiestas, habiendo colocado a nuestro pueblo en un lugar muy destacado”. Hubo cena y como era de esperar, música festera.

Tras algunos años en que representó la Embajada mora José Valdés Romero, el mencionado Emilio Mariel Rodriguez, vuelve a asumir el cargo.

El año 1968 fue el de la trágica explosión, tenían Capitanía los Guerreros, le correspondía a Salvador Valero Valero, el cual hubo de aplazar la ilusión hasta el siguiente año, debido a la suspensión que acarreó el horrible suceso.

En 1970, cambio, último y definitivo del traje, compuesto por los siguientes elementos: Túnica de tela imitación a terciopelo amarillo paja, con cinta de raso verde ribeteando mangas y falda simulando escalones primitivos. Escudo puntiagudo en el pecho, muesca en la parte superior derecha, cortando longitudinalmente con fondo rojo y león rampante en oro en la parte derecha, fondo verde con cruz de Santiago en rojo. Estola blanca con dos cruces en raso. Capa larga de raso rojo forrada en blanco. Mallas en brazos, piernas y capucha de tela gris. Guantes negros. Correaje de cuero ancho marrón con clavos y escudo de latón. Bolsa de plástico con la forma del escudo en rojo y verde con el león y la cruz de Santiago. Casco de metal con collarín y manguitos también en metal y herrajes para sujetar la capa al cinto. Calzado consistente en bota corta de cuero rojo con correas cruzadas marrones. En el uso diario del traje, no lleva estola ni casco y se introduce una boina verde. Aunque este traje, a fin de facilitar el acceso a jóvenes en la década de los ochenta fundamentalmente, sufrió un proceso simplificador, en el que se eliminó la estola, o bien sólo se luce en una de las escuadras, quedaron también ausentes el casco y el collarín.

Como en las otras ocasiones, voy a dar la estadística de la participación en la Entrada del año 1971:

Escuadra infantil: 8 niños
Escuadra infantil: 14 niños.
Escuadra especial chicas: 14 mujeres
Escuadra típica traje verde: 17 hombres
Banda de Música La Nueva Iris de Alcoy
Escuadra especial: 12 hombres
Escuadra típica traje nuevo: 19 hombres
Carroza Abanderada, damas y peques: 1 hombre, 5 mujeres y 21 niños.
En total participaron: 49 hombres, 43 niños, 16 mujeres, 1 carroza, 2 bandas y 7 caballos. Obsérvense las kilométricas escuadras a que, en principio, se sienten invitadas a formar algunas comparsas con el cambio de itinerario, quedando prácticamente reducida la Entrada a lo que da de sí la calle Colón y posteriormente Joaquín Vilanova y un trozo de Colón (hoy Eres).

En el Desfile de Hermandad de los pueblos festeros, celebrado en febrero de 1974 en Villena, con motivo del I Congreso de Fiestas de Moros y Cristianos participó, junto a una escuadra de Argelianos, otra de Guerreros.

Igualmente, en la exposición de fotografía festera y trajes de poblaciones del ámbito, que se inauguró en 30 de agosto en aquella localidad, hubo un traje de los Guerreros y otro de los Beduinos expuestos sobre maniquíes.

En 1975 hay un festero joven, por aquel entonces lo era al menos, éste que hoy les escribe, guerrero en ejercicio, comparsa de la que guardo un gran recuerdo que, aparte del cargo de Cronista oficial de Moros y Cristianos que aún ejerzo, es nombrado Embajador cristiano, cambiándose el protocolo del acto sensiblemente, con la introducción, además, del Desfile de Embajadores y diciéndose por vez primera, el soliloquio del cristiano en lengua vernácula.

La Fiesta da otro gran salto decisivo, la constitución como ente autónomo, para lo que deben redactarse los correspondientes estatutos. En la ponencia redactora, figuran Juan M. Monllor Carbonell como Secretario y Vicente García Esteve como vocal. En el libro que se editó con el resultado de este trabajo, figura como domicilio de la comparsa: Cuatro Esquinas, 2.

En 1977 se estrena una nueva bandera, siendo sus padrinos Luis Vicedo García, el Capitán cristiano y su hija Adela Vicedo Navarro, Abanderada. Recuerdo esta Capitanía con verdadero cariño. La celebración de un cargo de estas características suele llevar aparejada la manifestación de un grado importante de ilusión, pero si alguna puede ser distinguida entre otras por tal sentimiento, esa debió ser la de Luis Vicedo, “Quintín”, hombre de talante afable y simpático que era conocido por todos, propios y extraños, tenía, además, un modo muy peculiar de hacer el cabo de escuadra. Llegó a ocupar alguna portada de la revista de fiestas. El tiempo, o mejor dicho la climatología, se valió de una dolorosa paradoja para premiarlo. Ese año la lluvia hizo su aparición de forma dramática a la hora de iniciar la Entrada. Una enorme tromba de agua obligó a suspenderla. Sin parar de llover la carroza capitana había llegado ante el Ayuntamiento, las lágrimas recorrían generosamente el rostro de Luis confundiéndose con los hilillos recalcitrantes del agua de la lluvia, la escena fue de un patetismo inenarrable.

La Comisión de Fiestas y los miembros del Ayuntamiento, se reunían en este último edificio, a ver qué podían hacer, los semblantes eran más que elocuentes, se decidió reanudar la Entrada a las nueve de la noche. Todos estábamos convencidos de que carrozas, trajes y ornamentos mojados, e incluso personas, algunos de ellos, como Luis, hasta el tuétano, serían irrecuperables. Por el contrario, un alarde de brillos deslumbradores, salpicaban irisando los metales con un sinnúmero de finísimos brazos de luz arrancada al alumbrado, asombró hasta la fascinación a todos los espectadores, como si se hubiesen abierto las páginas escondidas de un cuento. La noche se había convertido en triunfal, exultante. El público se había sentido cautivado y conmovido, por ese Capitán que de tal modo sentía la Fiesta, la apoteosis consiguiente fue extraordinaria, todo un premio para un Luis radiante y eufórico.

En 1980 se celebra el Cincuentenario de la comparsa, con una exposición de fotografía e historia de la misma, inaugurada el 3 de septiembre en la Sala de exposiciones de la Caja de Ahorros Provincial de Alicante, hoy desaparecida, ubicada justo en el emplazamiento donde hoy está la oficina de la entidad. Tal exposición contó, no sólo con el exhaustivo despliegue de material relacionado con la comparsa, sino que, quizá, fue una de las más completas exhibida hasta la fecha con el tema general de fiestas ibenses. Contó con 48 revistas festeras, inclusive una de 1933, referencias al resto de comparsas existentes en la fundación, los reglamentos, trajes de sargentos, etc.

El día 7 se llevó a cabo un Acto de Acción de Gracias a la Virgen, con una ofrenda floral de las esposas de los cargos y un recuerdo muy especial a todos los festeros ausentes, el cura José Hernandez Quilis pronunció sentidas palabras, sirvan de ejemplo, éstas, dirigidas a las abanderadas: “Habéis recibido un favor especial de la Virgen, ya que todas las portadoras de la bandera de la comparsa, en la que celebráis el Cincuentenario sobreviven”. Al día siguiente, se convocó una “cena de hermandad festera”, con invitación a personalidades de la Fiesta y a los Capitanes de la edición, ofreciéndoles medallones conmemorativos.

El día 9 y en el Teatro Salesiano tiene lugar el acto central del Cincuentenario, con generosa asistencia, además de la comparsa y familias, de la gente de la Fiesta. Se homenajeó a los fundadores con una escuadra formada por los catorce que aún vivían, haciendo entrega el presidente José Gras Sanjuán de los correspondientes cuadros acreditativos. Después se entregaron recuerdos a los personajes destacados de todos estos años, a los cargos festeros y a los presidentes de las respectivas comparsas. El final fue una explosión de emotividad, con vítores, abrazos, lágrimas de toda la concurrencia. Por cierto, para concluir se puso en escena un breve de corte cómico titulado “El Neurastenic”, que resultó una verdadera delicia.

El zoco se instaló, excepcionalmente, en los bajos de Ramón y Cajal, 5. Ese año la Entrada arrojó la siguiente estadística: Abriendo la marcha tres guerreros, cada uno de ellos con los distintos trajes de la comparsa, escudos correspondientes y año al que pertenecían, 6 escuadras masculinas y otras tantas femeninas con 5 bandas de música. Le fue entregada al mencionado Fernando García Esteve, la insignia de oro de manos del Presidente.

En 1981 es nombrado Alcalde Fiestas Emilio Bastida Boronat, habría de ser el que ocuparía tal cargo en los actos extraordinarios celebrados con motivo del 250 Aniversario de la llegada de la Virgen y 50 de su Coronación Canónica. Amén de hombre implicado ya, prácticamente, para siempre, en responsabilidades de este mundo de la Fiesta.

En el año siguiente, se convocan nuevas elecciones a los Ayuntamientos. La famosa y tan manida transición, también se consumaba en Ibi, con un traspaso de poderes, habiendo conseguido el PSOE la Alcaldía, la cual era asumida por un miembro de esta comparsa, Vicente García Pascual, hijo del mencionado Fernando García Esteve, permaneciendo aún hoy en tal cargo.

Ese mismo año es Capitán Carlos Peydró Verdú, Concejal de Cultura durante varios años. Promueve e instaura, en colaboración con el Embajador Josep Verdú i Guillem y la concurrencia del autor de los textos Luis Satoca, el diálogo que finaliza con la Entrega de Llaves del Alcaide de la fortaleza, personalizado por el Embajador cristiano, al Capitán, cuando la Entrada llega ante el Ayuntamiento. La Entrega de Llaves venía realizándose, en la confluencia de Joaquín Vilanova con Santa Elena, pero sin ningún texto, tan sólo la cesión, a partir de ese año y hasta hoy quedó instaurado lo que conocemos.

En 1987 era nombrado Concejal de Fiestas, otro miembro de la comparsa, Juan Francisco Valls Brotons. Ese año, se rompe el fuego en la concesión de títulos de Festero de Honor, quizá intentando reparar un agravio de décadas. Un año después se concede tal distinción a cuatro festeros, dos de ellos de esta comparsa, ambos a cual más carismático y ampliamente mencionados en estas páginas: Ismael Pascual Sanjuán y Fernando García Esteve.

El 10 de septiembre de 1988, se presenta el pasodoble “Pepe Gras”, en un acto celebrado en el Salón de Actos de la Casa de la Cultura, en honor al Capitán José Gras Sanjuán, con un concierto de la Unión Musical de Muro, con Francisco Esteve, el genial compositor de protagonista. Este Capitán, así como su oponente en el otro bando, cedieron el primer puesto en la Entrada a la escuadra de sus amigos, es cierto que, después, ese gesto lo hemos visto en otras ocasiones, pero no es menos cierto que ese año llamó la atención por inusual y compartido. En tal edición, los Guerreros fueron la mejor comparsa del bando cristiano.

La Comisión de Fiestas decide hacer más asequible el acceso al Concurso de Cabos de Escuadra, rebajando a tres años consecutivos o alternos, los galardones precisos para obtener la Escarapela de plata, entregando por ello sendas Escarapelas de plata a los poseedores de tres que ya existían. Por esta comparsa la recibió Santiago Bernabeu Reig en el Acto de Reconocimiento de Cargos Festeros.

En 1991 se celebra el treinta aniversario de la creación de la comisión de fiestas, con una magna exposición bibliográfica, mesas redondas y otros actos, concluyendo con la imposición de la insignia de oro a Rafael Pascual Valls, como Presidente de aquella primera comisión en el Acto de Reconocimiento de Cargos Festeros. Rafael me hablaba de lo que se encontró cuando se hizo cargo de tal cometido: “Les pedí que me entregaran la documentación de nuestras fiestas y me dieron un sobre con recibos”.

Una escuadra de esta comparsa representó a nuestras fiestas en la Expo sevillana, en mayo de 1992. Entonces era Presidente dela UNDEF el ibense Francisco Santonja Gisbert. Los nombres de los componentes de esta escuadra son: Joaquín Fernández Carrión, Blas Ginés Gómez Sola, Juan López Navarro, José Sanjuán Gómez, José Esteve Pla, Manuel Guillem Martínez, Rafael Rico Gisbert, Florentino Pajares Benito, Vicente Martínez Verdú, Juan Andrés Martínez Carrión, Manuel Requena González, Santiago Bernabeu Reig. Tras esta escuadra desfiló la Unión Musical de Ibi.

En 1993 obtenía la Escarapela de plata otro guerrero, Carlos Mariel Albert. Fue entregada ese mismo año en el acto de la Exaltación festera. Un año después se concede el título de Festero de Honor a Carlos Peydró Verdú, vocal de aquella comisión de fiestas inicial con Rafael Pascual, e instaurador, como ya dije anteriormente, de la “Entrega de llaves”; además en el ejercicio de su cargo en el Ayuntamiento, dos de las realizaciones más importantes, hoy son perlas de nuestro patrimonio cultural, el “Himno a Ibi” y el Monumento a la Virgen y a la Fiesta del cual, junto al promotor del mismo, Salvador Miró Sanjuán, fue uno de su máximos valedores.

En esa edición, los Guerreros son nuevamente capitanes, la última ocasión que lo serán en el siglo, es asumida por Emilio Mariel Picó, mientras que la futura esposa de su hijo Carlos, Eva María Hita, era Abanderada. Acompañado de toda su familia, este hombre, Secretario como se ha mencionado de aquella comisión de 1962, era hijo de toda una institución de los Moros y Cristianos, el “tío Mariel”, mítico Embajador y cantor de los Gozos que, con sus gafas oscuras llenó un siglo de gloriosas páginas miniadas.

El 11 de septiembre se celebra un acto en el Teatro Salesiano, como homenaje al mencionado Embajador, que lo había sido desde 1917 hasta 1970 con ligeras interrupciones, culminando con un concierto, centrado en su primera parte en la interpretación de l’Embaixador, escrita por R.Mullor Grau, y la segunda, dedicada ya al Capitán actual, en la que se estrenaba la marcha “Als Mariels”, especialmente compuesta para la ocasión por J. Chafino Mira.

Tal Capitanía tuvo el acicate añadido de que el hijo del Capitán, el ya mencionado Carlos, contraía matrimonio el segundo día de la trilogía con la también referida Abanderada, integrándose la ceremonia en el guión de actos de aquella, celebrándose un banquete de corte medieval con un extraordinario ambiente de época.

En la crónica de ese año, escribí las siguientes palabras: “Un día en el campament cristiá”, fue el argumento propuesto por Emilio Mariel Picó, el cual ha sabido hacer de esta Fiesta, una ilusión para ser bebida sorbo a sorbo, un sueño para ser vertido en las calles, un universo de colores para encandilar pupilas y corazones. Todo un cosmos de mitología medieval tenía cabida, ocupando el lugar preciso, danzarines, bufones, con su histrión prodigando hilaridad y regocijo, también el balanceo místico de la vida conventual del medioevo.

Fue una alegoría completa desde el “frente de banderas”, o lugar más cercano al enemigo, hasta el “agora” o lugar de avituallamiento, en el que cupo hasta un horno cociendo pan. Cupo tropas, guardia del monarca, y en el centro “el real” con los nobles, ya que el estratega, en este caso el Capitán, marchaba en su carroza precedido por sus cuatro hijos, con la marcha “Als Mariels”.

Hasta aquí el contenido de mis palabras en aquella ocasión, hay que hacer constar que se repartieron unos folletos, en los que se explicaba la concepción del boato:

Observarán detalles como música de la época expresamente compuesta para este desfile, danzarinas y bufones de aquella corte, el Capitán y sus guardianes, medios de transporte propios de la época, mesoneros, la reunión de los nobles de los condados del rey, la escuela de formación de Guerreros, la elaboración del pan y espadachines, la cultura de aquella época representada en la religión…

…Usted con su aplauso nos indicará, si al final nuestros deseos han llegado a ser realidad”.

En fin, un Capitán abrazado también con cariño a la estela del “tío Mariel”, su ilustre padre, el cual siempre tuvo un talante participativo en mil aspectos distintos, hasta tal punto que, miembro además de la Unión musical desde sus veinte años, fue despedido en su sepelio por la banda interpretando el pasodoble “Villa Teresa”.

Pero hay algo más que destacar en ese 1994, se revitaliza y remoza el cargo de Sargento, el cual, caído en desuso, se había incorporado cuatro años antes. En esta edición se les dota de atuendos específicos, al tiempo que se renueva el ritual de la Diana, con una nueva configuración más acorde a su historia. El Sargento, siguiendo la tradición de la comparsa, era miembro de la misma, Manuel Guillem Martínez, el cual, correspondiéndole Capitanía a su comparsa, arranca una escuadra de Guerreros esa mañana ante la Iglesia Parroquial, con la marcha “Tayo” y la Banda de Luchente, como primer paso ilusionante de este renovado acto.

También, el sábado 7 de mayo, tras el traslado de la “Mare de Deu xicoteta” al templo, inauguraban un nuevo y definitivo local social, iniciativa que había partido de una Asamblea celebrada en el Centro Social Polivalente el 3 de septiembre del año anterior.

Se le da el nombre de “Mesón del Guerrero”, al igual que aquel otro, ya mitificado, cuya orientación comercial había hecho que se perdiera para el objetivo hacia el que fue concebido. Este nuevo local social se encuentra en la calle Mitja Volta, 2.

El Capitán y la Abanderada citados, así como el cura Jesús Franco Martínez, cortaban la cinta a eso de las 19’30 horas, tras lo cual se procedió a la bendición. Asistió todo el mundo de la Fiesta. El local es un pequeño museo de recuerdos, con fotografías de capitanes y abanderadas, los trajes antiguos cedidos por Fernando García Esteve y la segunda bandera.

El 3 de junio de 1995, la comparsa Guerreros rinde un homenaje a los veteranos de ésta, acto sencillo con alto voltaje emocional, con palabras del Presidente José Albert, y entrega de placas a cada unos de ellos, para salir desfilando posteriormente por las calles de la población, hasta llegar a la Plaça la Palla, donde se formó una gran escuadra, tomando las armas para hacer el cabo Luis Vicedo, “Quintín” y Carlos Plá “Chau”. Este último, otro de los festeros emblemáticos, cuyo talante alegre, dicharachero y voluntarioso, impregnaba positivamente a todos los que le rodeaban, fallecía poco después, víctima de una dolencia irreversible.

En 1997, la comparsa aporta un nuevo Festero de Honor a este escogido círculo de grandes hombres o mujeres de los Moros y Cristianos, Alejandro Marín Picó, “Sabia”, del cual se redactó un informe que sirvió de base para la decisión:

“Podemos distinguirlo como a uno de esos festeros imprescindibles que constituyen y sostienen los pilares de una comparsa”.

Ese año los Guerreros desfilaban con una escuadra femenina de 16 mujeres, 8 escuadras masculinas con 95 hombres, 35 personas en el boato, en total 146 integrantes animados por 5 bandas.

Un año después, en el Desfile Infantil, los Guerreros rememorando el treinta aniversario de la “Treta dels Cavallets”, prepararon un desfile muy completo con multitud de caballitos simulados, el mismo año en que la Abanderada Ruth María Valls, recreaba el escudo de la villa en su boato, desmenuzando pasado, presente y futuro y escenificando cada uno de los símbolos e iconografía aparecido en él.

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